Es momento de amanecer

Por Gabriela Amorín Padilla

 

 

 

En seis meses de tensiones políticas y sociales, los venezolanos que creemos que un cambio es indispensable para que nuestro país transite por la vía de la prosperidad y la democracia, no sólo de régimen sino de sistema y modelo político, pusimos nuestras esperanzas en el despertar del pueblo que tenía lugar en las calles de prácticamente todo el país.

 

Por más que se tratase de ocultar o subestimar esta respuesta espontánea de los ciudadanos, no se puede negar que millones de venezolanos creían (y aún lo creen) que quienes protestaban tenían múltiples razones para hacerlo. Tanto el régimen, acusando a los manifestantes de golpistas y terroristas; como la MUD, asegurando que las protestas no respondían a un deseo mayoritario ni son la forma de solucionar los problemas del país, se fueron encargando de amedrentar (por un lado) y desmotivar (por el otro) a los ciudadanos que exigían desesperadamente cambios radicales, políticos y sociales.

 

Aunque muchos continúen negándolo, (especialmente Henrique Capriles y compañía), gracias a estas protestas la dinámica de país cambió. Las caretas del régimen cayeron y para la comunidad internacional se hizo cuesta arriba apoyar lo que ya no parecía tanto una “democracia”. La represión, los asesinatos, las torturas y la persecución convencieron a muchos venezolanos de la naturaleza totalitaria del régimen.

 

Resulta verdaderamente indignante (aunque no sorprendente) que Henrique Capriles dedique su tiempo a atacar descaradamente, con argumentos blandengues y populistas, (que además no son nada distintos a los que ya hemos visto en 15 años) a quienes lo apoyaron durante sus campañas porque era necesario fortalecer la unidad en ese momento. El hecho de que este señor haya sido candidato nacional en 2013, no quiere decir que actualmente goce de aquella misma popularidad, y me refiero a Capriles como candidato y no como líder, ya que muchos votamos por él sólo porque era la única alternativa.

 

En esta ocasión la MUD no ofrecía ninguna alternativa de lucha a la crisis que vivimos los venezolanos, simplemente pretenden esperar próximas elecciones, lo que significaría dejar el terreno libre al régimen durante dos años para hacer y deshacer con Venezuela lo que les plazca sin ejercer resistencia. Quienes en ese momento apoyaron las protestas como una salida legítima, válida y además constitucional, como un método para contener el avance de la dictadura y exigir un cambio, plantearon la calle como la alternativa de mayor presión al régimen, distinto a lo que se había hecho durante muchos años. La gente vio luz al final del túnel y continuaron volcándose en las calles.

 

La MUD no fue concebida sino como una instancia electoral que jamás se planteó otro terreno de lucha distinto. Adicionalmente, es un cogollo constituido por partidos políticos que poco representan el verdadero sentir de los ciudadanos. Entonces yo me pregunto ¿son los ciudadanos y otros sectores sociales quienes están obligados a mantener la unidad, o la MUD debería escuchar el clamor ciudadano y ceder para que la unidad se mantenga? Y en este caso me refiero a una unidad real, conformada por sindicatos, colegios, profesionales, intelectuales, propietarios, empresarios, víctimas del régimen, ciudadanos comunes y finalmente partidos políticos… como debería ser. La MUD se ha encargado de chantajear a los ciudadanos, al mejor estilo del régimen. Intentan hacer creer que el que no está de acuerdo con los planteamientos Capriles/Aveledo/Allup, está destruyendo la unidad, es radical o violento. No señores, muchos no caemos en ese chantaje porque luchamos por libertad, no por más de lo mismo.

 

Lamentablemente en las últimas semanas las protestas han menguado, pero también es cierto que han hecho ruido en el chavismo que, hoy más evidente que nunca, se encuentra fragmentado. La mala noticia es que el sector demócrata no está aprovechando este descontento rojo rojito. Lo que puedo anticipar es que habrá una re-administración del poder dentro del mismo régimen, dejando por fuera a la oposición si no se organiza lo antes posible.

 

Ciertamente muchos juicios hacia la oposición son injustos porque las condiciones a las que nos enfrentamos a la dictadura son cada vez más cuesta arriba y los recursos cada vez menos. De lo que estoy absolutamente segura, es que esperar a que este desgobierno caiga por su propio peso es engañarnos e, indudablemente, podríamos quedar en circunstancias mucho más dramáticas. Entonces es importante recordar que jamás se toca fondo, siempre se puede estar peor, si no, mirémonos en el espejo de Cuba o Haití. No es momento de dormirse, es momento de amanecer.

 

 

 

Gabriela Amorín Padilla

@Graby_

gamorin@guayoyoenletras.com

 

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