Nicolás en el país de las maravillas

Por Sarai Ortega

@saraiortega

        

 

 

¿Un cuento para niños o la realidad en Venezuela?

           

Había una vez un niño llamado Nicolás, mientras leía su cómic favorito, la Liga Socialista, observaba al héroe al que más admiraba, HC, un justiciero que recorría el mundo ayudando a los necesitados, buscando la igualdad de oportunidades para estos. Fascinado por el capítulo que ojeaba, titulado “El rey del imperialismo” suspiró de tal manera que se introdujo en un sueño profundo, imaginándose que el nuevo HC era él.

           

En el sueño, se encontró a una niña, llamada Libertad, cargaba consigo un reloj en la mano y gritaba continuamente: ¡Llegaré tarde! ¡Llegaré tarde!, sin embargo antes de irse, le dio la bienvenida al país de las maravillas, con el que Nicolás soñaba desde pequeño, Venezuela.

           

Horas más tarde, mientras caminaba por una ciudad llamada Caracas, notó la tristeza que reinaba en las calles de la misma, se detuvo a preguntar a unas personas qué era lo que les estaba causando tanto dolor y le contestaron que la respuesta la debía conseguir él, no podían ayudarlo.

           

De repente una valiente ancianita se acercó y le explicó lo que pasaba en la nación, el gigante HC ya no estaba, se había ido meses atrás y a pesar de la tristeza, tenían un problema mayor, un mounstro enmascarado. Sin nombre, pero considerado por todos el nuevo rey del imperialismo y sólo alguien con el suficiente valor podría acabar con él.

           

Es malo, dijo un hombre desde el basurero, es narcisista, rígido y controlador, resuelve los problemas de la peor manera, persiguiendo a todo el que piense diferente a él, no le importa si son pequeños o grandes.

 

Nicolás sin pensarlo dos veces se proclamó como el nuevo HC, seguiría sus pasos y vencería a ese mounstro imperialista sin importar lo qué le pasara. Comenzó a prepararse y logró salvar a muchas personas, darle casas a otras y aunque aún le faltaba disminuir el hambre, la inseguridad y los antivalores, los pocos éxitos que tenía ni siquiera se los otorgaban a él, sino a HC, pero ya era demasiado tarde, había trabajado tanto para que el nombre de HC siguiera siendo digno de admirar que se olvido de sí mismo. Nadie sabía quién era Nicolás.

          

El día esperado llegó, Nicolás se enfrentaría al monstruo de la máscara. Lo buscó en su reino y en una pelea muy parecida a la de David y Goliat, pero con muchas ciudades destruidas y algunas personas muertas, logró el más pequeño debilitar al grande y quitarle la máscara. Sin embargo, al hacerlo, se dio cuenta de que su enemigo era él mismo, pero con 43 años más. No existía tal mounstro imperialista. Fue entonces cuando aquella niña llamada Libertad le dijo: “Uffs no llegue tarde, ahora que acabaste con el malo, Venezuela es libre y seguirá siendo el país de las maravillas”.

           

Entonces lo entendió, estaba viendo su futuro y ante la sensación de angustia, se vio en la obligación de despertar de un sueño que se había convertido en una dolorosa pesadilla.

 

Nicolás sentía la necesidad de ser cómo los grandes superhéroes de los comics, pero debía tomar en cuenta, que solo el querer serlo no lo convertiría en ellos. Los héroes también pueden tener graves defectos o grandes proyectos, pero deben ser propios y no de otros a quiénes intentar imitar o igualar no sirve de nada. Vale la pena preguntar: ¿Qué pensaría HC al ver en lo que Nicolás convirtió a su país de las maravillas?

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