La corte celestial

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Venezuela es un lugar mágico por sus paisajes, sus tradiciones y su gente. Es considerada por muchos como una tierra de oportunidades, en la que cualquier persona puede surgir. Sin embargo, se caracteriza por tener el sistema político más singular que existe en el continente. En donde lo cotidiano se convierte en extraordinario y viceversa. Aquí, los actores Políticos tradicionales se acusan unos a otros de corruptos, pero no llevan a cabo acciones concretas para combatir a este flagelo.

 

Actualmente, es de dominio público el conflicto que existe entre los Poderes Públicos en Venezuela, específicamente entre el Poder Judicial (Tribunal Supremo de Justicia) y el Poder Legislativo (Asamblea Nacional). Si bien, esto no había sucedido desde hace muchos años, en realidad, no es nada nuevo. Existen ejemplos de lucha entre poderes en Venezuela; por ejemplo, en el año 1993, cuando se decidió destituir de su cargo al Presidente Pérez para realizarle un Juicio por una presunta malversación de fondos. No obstante, en la actualidad esta pugna está lejos de terminar, porque ambos poderes luchan por superponer a una élite por encima de otra, o como algunos teóricos lo denominarían, estos buscan un simple cambio de Status Quo.

 

Si bien, la MUD al llegar a la AN ondeaba la bandera de un cambio para Venezuela, sus esfuerzos han sido coartados por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. Hagamos un inciso en este punto. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, le da un carácter de omnipotencia a esta sala sobre todo el Estado venezolano, además de darle la posibilidad de ser el único órgano de la Administración Pública capaz de interpretar la Constitución. En pocas palabras, la Sala Constitucional puede pagar y darse el vuelto ella misma, porque puede decir convalidar, modificar o anular cualquier acto emanado de la Administración Pública. Partiendo desde una simple ordenanza, hasta lo más preocupante que es declarar constitucional o no una ley emanada desde la Asamblea Nacional. Es decir, en Venezuela tenemos una especie de Corte Celestial.

 

Vayamos a la práctica, recientemente la AN aprobó la reforma a la ley del Banco Central de Venezuela, una vez sancionada la ley, el Presidente tiene 10 días para Promulgarla (Firmarla y enviarla a Gaceta Oficial), para devolverla a la AN pidiendo alguna modificación o para remitirla a la Sala Constitucional del TSJ, con el fin de que esta se pronuncie acerca de su constitucionalidad. Si este lapso se vence y no sucede nada de lo anterior, la Junta directiva de la AN puede promulgar la ley. En este caso, el lapso se venció, y la AN promulgó la ley, sin embargo, el Presidente fuera de sus atribuciones, envió la reforma de la ley a la Sala Constitucional y esta se pronunció en contra de la reforma, por lo que procedió a invalidarla. Esto deja exageradamente en evidencia la estrategia a utilizar por parte del Gobierno Nacional, que pretende emplear al TSJ como su bufete privado para inutilizar cualquier acción que pretenda llevar a cabo la AN.

 

¿Cuál es la consecuencia de todo esto? Primeramente, el desconocimiento de la voluntad popular. Sí, puede sonar muy trillado, pero es cierto, el Gobierno Nacional está desconociendo de facto el resultado electoral del 6D. Segundo, se deja en evidencia claramente de que no existe una separación de poderes y que la Constitución simplemente es un libro pequeño con muchas letras que no tienen valor. Tercero, se levantan muchas dudas sobre la actuación de la oposición, en específico de la MUD, puesto que para el venezolano de a pie, no se termina de tomar una postura rígida y desafiante ante los continuos atropellos del Gobierno Nacional, que muy inteligentemente se ampara en la ley. Por último, el Venezolano empieza a dudar de sí mismo, de su capacidad para generar un cambio, porque se ve atrapado entre el descarado control del Gobierno Nacional, y todos los problemas cotidianos que día tras día no le permiten plantearse alguna solución al infierno en el que vive.

 

Venezuela tiene dentro de su estructura de poder a una Corte Celestial que decide sobre absolutamente todo, ellos te pueden decir que el cielo no es azul, porque su interpretación de la Constitución dice que es verde. Te puede decir que tú no tienes derecho a saber cómo es la administración del presupuesto nacional o que los funcionarios de la Administración Pública no pueden ir a la AN a rendir cuentas sin permiso. En fin, en Venezuela tiene más poder una Corte Celestial que 30 millones de personas y su Constitución.

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