Chrysler Turbine: Lo que pudo ser el futuro

Chrysler Turbine

La década de los 50 y 60, la época de bonanza económica, del «sueño americano» y también la era del Jet, pero mientras algunos fabricantes estadounidenses lo vieron como algo metafórico, Chrysler fue más literal. General Motors (GM) en Estados Unidos y Rover en Inglaterra fueron los primeros  en construir un automóvil con un motor a reacción pero GM los hizo como concept cars, automóviles que parecían cohetes y el habitáculo parecía una cabina de avión de combate, por otro lado, el proyecto de Rover francamente no funcionó, en buena parte por falta de dinero para ir más allá en los desarrollos, pero aunque el Chrysler Turbine, no es el primero con ésta tecnología, fue el más avanzado y eficiente que se produjo, a tal punto que resultó teniendo un mejor rendimiento de consumo que un motor convencional.

 

Su origen

La historia del Turbine se remonta a 1945, cuando la Armada Estadounidense le pide a Chrysler que desarrolle un motor turbohélice que pudiera ser más potente que los motores a pistón pero más económico que éstos, el tema es que si bien el proyecto terminó en 1949, “la espinita” quedó en la mente de los ingenieros de Chrysler y se hicieron la pregunta: «¿Y si metemos esto en un carro?»

Se decide poner entonces en marcha el proyecto, se hace el chasis y el motor, sólo falta «vestirlo», para ello designan a Elwood Engel para que diseñara la carrocería, Engel era un talentoso diseñador, creador del Lincoln Continental de 1961 y artífice de la conversión del Ford Thunderbird de 2 a 4 puestos.

Con los bocetos de Engel, se envían a Italia los chassis para que Ghia construyera los automóviles y el resultado final es una hermosura de líneas finas, nada extravagante, de hecho, Chrysler pudo haberle colocado un V8 y haberlo vendido con otro nombre como “Mirage” o “Aerolite”. El primer prototipo se llamó Typhoon, tenía sólo 2 asientos y apareció en una película llamada “The Lively Set” o “Los Impetuosos” (1964).

 

“Uselo y dígame qué tal le va”

La idea de Chrysler no fue innovar sino proponer, su mensaje fue “Este quizás es el futuro”, el problema era que no sabían cómo probar que la turbina sería el futuro del automóvil, así que pusieron en calle 55 unidades prototipo para que 32 hombres y 23 mujeres las prueben en su vida diaria durante tres meses y ver cómo les resultaba conducir el nuevo automóvil.

Chrysler no les pagaba nada por disfrutar del Turbine todo lo que quisieran, pero debían remitir al fabricante todos los datos de consumo, kilómetros recorridos y toda la información de performance y uso que pudiera obtenerse. Básicamente la idea era hacer 55 carros, dárselos a 55 personas y decirles, “Úselo y dígame que tal le va”.

El programa incluía la rotación de los automóviles, de esta forma, aunque se cedían 55 unidades durante dos años, fueron usados por 203 conductores.

 

El Turbine usaba combustibles alternativos

Una curiosidad del Turbine es que funciona con cualquier sustancia que haga combustión con el contacto con el oxígeno incluyendo gasolina sin plomo, el único combustible con el que el Turbine no funcionaba era con gasolina con plomo de hecho, en París durante una exhibición, se le colocó en el tanque de combustible varios litros del perfume Chanel N°5 y en otra prueba en México, el Presidente Adolfo López Mateos hizo que se probara el automóvil con Tequila, resultando la prueba un total éxito.

 

El final

Lamentablemente eso no era llamativo para un mercado en donde la gasolina era barata, además, a Chrysler le resultaba muy costoso hacer éste automóvil, sobre todo el motor y la carrocería. Luego de las pruebas, Chrysler destruyó 46 de los 55 Turbines fueron destruidos, 45 de ellos quemados y aplastados en compactadoras de chatarra, el N° 46 fue destruido en pruebas de choque y el resto paso a ser piezas de colección, 2 de ellos pasaron a colecciones privadas, y el resto quedó en museos.

Un triste final para quizás el más importante automóvil americano de post-guerra, aunque no es el fin, sin dudas más de 50 años después, estamos en la era dorada del automóvil: nuevos materiales, nueva tecnología, automóviles que se manejan solos, fuentes alternativas de combustible, creo que a pesar de todo, la propuesta Chrysler no estaba muy alejada de lo que sería el futuro.

Michel Rodríguez
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