Trabant: El “auto del pueblo” de Alemania Oriental

Trabant (1)

Hagamos un ejercicio mental: Digamos que se nos menciona una ciudad y tenemos que decir cosas que inmediatamente se nos vengan a la mente, asociadas a esa ciudad, digamos que la ciudad es Berlín, pues la respuesta serían 3 cosas: La Puerta de Brandemburgo, el muro de Berlín y el Trabant.

El Trabant era un automóvil de bajo costo construido en Alemania Oriental (República Democrática Alemana), pretendía ser la versión comunista del Volkswagen (ahora Escarabajo), el “Automóvil del pueblo”, y vaya que logró! Era el automóvil de las masas de Alemania Oriental y al igual que el Volkswagen, el «Trabby» como se le conoce cariñosamente, se convirtió en un ícono, un objeto de culto, que hoy muchos alemanes conservan con nostalgia y al mismo tiempo con un extraño amor, que quizás nadie que no sea berlinés pudiera realmente comprender.

El Trabby fue un automóvil construido por la EB Sachsenring Automobilwerke Zwickau (Una antigua planta perteneciente fabricante automotriz Horch) y su historia comienza en 1956 cuando la EB Sachsenring, con experiencia en construcción de motocicletas vendidas como AWZ (Auto-Werke Zwickau), comenzó a trabajar en el prototipo de un vehículo de 3 ruedas. No se conocen los detalles, pero el proyecto inicial fue rechazado y se agregó una 4ta rueda. Para 1957 el prototipo estaba listo, sólo faltaba el nombre.

Su nombre era un término astronómico

Afortunadamente, la Inspiración para el nombre literalmente vino del cielo, ya que en octubre de 1957, la Unión Soviética lanza al espacio el primer satélite artificial del mundo, el Sputnik I. A raíz de tal éxito “en nombre del Socialismo y de la Humanidad”, nuestros amigos de EB Sachsenring decidieron llamar al automóvil Trabant, que es un término astronómico alemán para identificar a una luna o satélite natural.

Ya el nombre estaba listo y su presentación final se dio en 1958. El diseño original (Trabant P50 o P500) no tenía la parrilla que vemos en el modelo que salió a partir de 1963 (Trabant P600), pero sus líneas son las mismas.

“Fenoplast”

Su carrocería está hecha de fenoplast, un plástico compuesto de resina fenólica, baquelita y algodón traído de la Unión Soviética. Esto convierte a nuestro Trabby en el primer automóvil comercial no sólo hecho de plástico, sino además y hecho de material reciclado.

Cuando salió a la venta, tenía algunos elementos de “alta tecnología”, como una suspensión independiente, tracción delantera y chasis monocasco. Inicialmente se había equipado con un motor de 2 cilindros y 500 cc de 18Hp., posteriormente aumento a 600cc y 26 Hp. y tenía su origen en motores DKW de Pre-guerra, que también impulsaron a automóviles Wartburg (también de la RDA). El motor más sofisticado que tuvo fue un 1.043 cc (1.1) obtenido del Volkswagen Polo, gracias a un acuerdo entre Alemania Occidental y Oriental previo a su reunificación.

Los Trabant no eran nada eficientes, consumían unos 7 l/100 km de gasolina y no eran rápidos, alcanzaban los 100 km/h en unos 21 segundos y a duras penas podían alcanzar los 112 km/h. De hecho, su nivel de emisiones es ridículamente elevado, comparado con cualquier utilitario de los años 90 que no cumplía ni la Euro1. Adicionalmente la dirección no era para nada precisa y la suspensión parecía hecha con bolsitas de té usadas.

De los muy pocos modelos de automóviles a los que los alemanes del este tenían acceso, el Trabant era el más barato (unos 10.000 marcos orientales), para adquirir un Trabant había que apuntarse en una lista y esperar hasta 10 años o acudir al mercado negro. Dado que había que esperar tanto tiempo para obtener un Trabant, los nuevos propietarios solían ser muy cuidadosos en la conducción y el mantenimiento del automóvil y habitualmente llegaban a ser muy habilidosos reparándolo, todo esto, además de su simplicidad, hacía que la vida media de un Trabant fuera de 28 años, algo jamás visto en la industria automotriz.

Hubo versiones sedán, familiar e incluso descapotables, pero que estaban disponibles sólo para el ejército y las fuerzas del orden y llegó a haber una versión de embrague pilotado, pero con cambio de marchas manual, para personas con problemas de movilidad.

Pura historia

Ahora bien, si analizamos lo antes expuesto, podemos preguntarnos ¿Qué hace que los Trabants tengan el valor que hoy en día tienen para los conocedores? Técnicamente no tienen valor alguno, todo lo contrario, se pudiera decir que figuran entre los peores automóviles de la Historia, su diseño no dice absolutamente nada sobre quien lo conduce, ni dice nada en relación a cuanto tenga en su billetera (de hecho no debería siendo un producto del “Socialismo y de la Humanidad” de Alemania Oriental).

Sin embargo, el valor del Trabby es netamente histórico, porque representa todo lo malo de Europa Oriental y en específico todo lo malo de Alemania Oriental; Desde 1963 hasta 1991 no evolucionó, se mantuvo igual y no tenía por qué hacerlo, tenía un mercado captivo obligado a comprarlo porque no tenían opción, no tenía competencia porque no la había. Tan malos fueron, que cuando se dio la apertura de la frontera de Austria con Hungría, que permitía el libre paso de ciudadanos por el llamado Telón de Acero y que fue determinante para la caída del Muro de Berlín, las familias que huían de Alemania Oriental por esa ruta, dejaban los Trabants abandonados en la frontera entre Alemania Oriental y Checoslovaquia para hacer el resto del recorrido por ferrocarril, porque se debía pagar un monto equivalente a 100 US$ para que recibieran un Trabant en un depósito de chatarra.

A pesar de todo lo antes mencionado, el Trabant tenía el mérito de ser el vehículo que motorizó a una nación (o por lo menos la mitad) ya que se fabricaron más de 3 millones de Trabants.

Luego de 1991, con la caída del Muro de Berlín y el colapso de la URSS, al llegar el modo de vida occidental, muchos de los Trabby fueron abandonados a su suerte y relativamente olvidados, ya que los automóviles básicos de Alemania Occidental, superaban en demasía a los Trabants. Pero con el tiempo, los nostálgicos de la marca los han ido recuperando y es relativamente fácil ver algún Trabant en el Berlín actual en buen estado. Algunos de ellos están restaurados y cumplen servicio como atracción turística, lo que se conoce como Trabi-Safari. Tienen unos 100 automóviles en toda Alemania.

Muchos de ellos en la actualidad se han «Tuneado», convertido en objetos de arte, o simplemente en objetos de la historia de Alemania y todavía son fáciles de conseguir, es más, sale más económico alquilarlos por grupos de dos o cuatro personas, el precio sale entre 30 y 70 euros, dependiendo del grupo, las ofertas y el recorrido. Toda una retro-experiencia que es valorada fundamentalmente por los alemanes, que son los que más sentimentalismo guardan hacia estos entrañables automóviles.

Michel Rodríguez
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