La Constitución no es solo un libro

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Aunque podemos leerla, hojear sus páginas empolvoreadas, rayar sus hojas e incluso quemarla, la Constitución no es sólo un libro de papel. Sus páginas están cargadas de ese agrio sudor, angustias, encarcelamientos y sangre derramada por quienes alguna vez lucharon por poner un claro límite al poder del Estado y defender los derechos de los ciudadanos frente a un eventual abuso de poder.

Sin pretender aburrir a mis lectores con la larga historia del nacimiento de la primera Constitución de la que se tiene data en el mundo, quisiera atreverme a contarles muy brevemente el contexto en el que ésta se produjo.

A comienzos del siglo XIII, Inglaterra no era el país seguro ni próspero que conocemos hoy en día. La economía era completamente inestable, los precios subían y bajaban en un parpadeo, la gente moría de hambre; la inseguridad estaba a la orden del día, ladronzuelos, asesinos y violadores alejaban de las calles a la gente honesta y trabajadora; desapariciones forzadas y detenciones sin procesos judiciales eran parte de la vida diaria; y el rey como máximo representante del Estado, permanecia inmóvil, su presencia solo se limitaba a reclamar de los ciudadanos el pago de los impuestos. Ante esta situación, los señores feudales se preguntaron ¿para qué existe el Estado?

Al tiempo que los Franceses intentaban invadir a Inglaterra y el rey no podia unir a la gente para que defendiera a su reinado, los señores feudales le propusieron al rey que la única forma de que ellos defendieran y respetaran su reinado era que este conviniera y firmase un documento en el que les cediera ciertos derechos y limitase el uso abusivo de su poder frente a ellos. Es así|como nace la primera Constitución de la que se tenga data en el mundo.

Las constituciones no han sido un privilegio de los países modernos con estabilidad económica y política, sino que han existido precisamente pese a las condiciones más adversas. Ellas son el pacto que garantiza la convivencia entre los ciudadanos y el límite del poder del Estado frente a estos. La de Venezuela, una de las primeras del continente américano, está siendo ultrajada. Los venezolanos de hoy en día padecemos un gobierno que no garantiza ni los servicios más básicos como el agua, electricidad, salud y seguridad. Las erradas políticas económicas están sacando en estampida a la juventud del país. Las persecuciones y encarcelamientos como los de Yon Goicochea y Andrés Moreno (por nombrar algunos) evidencian la violación aberrante al debido proceso y una judicialización de la política.

La Sala Constitucional del TSJ no es más que el asesor jurídico privado de quien ocupa la silla presidencial, para quien no hace más que crear sentencias y garantizar la extensión de su mandato. Al mismo tiempo el Consejo Nacional Electoral y la casi invisible Sala Electoral no hacen más que cercenar los derechos electorales de las personas. Evitando celebrar procesos electorales que de antemano saben perdidos, en una especie de cambote, todas las instituciones del Estado están enfrentadas al ciudadano. No quieren que éste se exprese por medio del voto. La falta de convocatoria de las elecciones de gobernadores y el exagerado número de obstáculos impuestos al referendum revocatorio son una clara muestra de ello.

Tenemos un Presidente y varios directores de una industria petrolera que no paga ni su propia nómina. Grandes señores vistiendo elegantes togas y degustando jugosos salarios, sólo para dictar sentencias en contra de todo un pueblo. Una directiva de un órgano electoral y una Sala Electoral que no hacen más que evitar que el pueblo se exprese a través del voto. Una Fuerza Armada que no garantiza sino una tierra donde mandan los pranes. El poder del Estado es una concesión para la protección de los ciudadanos y no un arma para su esclavitud. El Estado no está cumpliendo con sus obligaciones constitucionales, el pacto de convivencia evidentemente se ha roto, ante lo cual cualquier ciudadano cabe cuestionarse ¿para que existe el Estado en Venezuela? Los ciudadanos debemos urgentemente restablecer nuestra Constitución.

Víctor Bolívar
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