Japón es fascinante. Lejano, pero fascinante
¡Las​ ​geishas​ ​no​ ​son​ ​putas!

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Gracias a la globalización hemos tenido acceso no sólo a su tecnología, sino también a diversos productos culturales como el anime, sushi, Hello Kitty y en el 2020 (Dios mediante) podremos disfrutar de las olimpiadas en Tokio. Pero así como estamos rodeados por diversas expresiones de la cultura japonesa, también tenemos un montón de confusiones y malentendidos con otras, tal como sucede en el caso de las geishas. Sí, las geishas. Esas sobrias y hermosas mujeres de coloridos kimonos y cara blanca.

Justamente, si le preguntamos a alguien en la calle qué es una geisha, lo más probable es que nos responda:

—¡Ah sí! ¡Las putas de Japón!

Entiendo que ese país está lejos y las geishas cada vez son más escasas, pero aún así considero conveniente hacer una aclaratoria sobre lo que realmente hacen estas mujeres, pues en realidad son artistas que inician su entrenamiento a partir de los quince años -o incluso desde antes- en todo lo que concierne a las artes tradicionales japonesas, tales como la práctica de instrumentos como el shamisen, danza, poesía y una de las más importantes, la conversación, la cual es fundamental en las reuniones que presiden, ya que su papel es el de anfitrionas.

Mineko Iwasaki, una de las geishas más prominentes, famosas y exitosas de Japón, escribió un libro llamado Vida de una Geisha y en el mismo no sólo narra sus memorias, sino que también brinda una gran cantidad de detalles sobre la vida de estas mujeres, haciendo énfasis en la disciplina que deben tener como profesionales y artistas y, más específicamente, sobre el hecho de que una geisha o geiko se dedica a las artes y al entretenimiento, nunca al acto sexual o carnal.

Uno de los orígenes de este malentendido, surge después de la Segunda Guerra Mundial en el momento que los soldados estadounidenses invaden Japón. Al ser completamente ignorantes de la cultura nipona, los soldados estaban fascinados por todo lo nuevo que veían. Para las prostitutas japonesas, esto era una oportunidad así que, para poder cobrar más por su trabajo, se pintaban la cara de blanco y lucían kimonos coloridos haciéndose pasar por geishas. De esta manera lo soldados, ignorantes, pensaron que se estaban acostando con una exótica prostituta, cuando lo cierto es que una verdadera geisha nunca habría hecho tal cosa, ya que su estricto código de comportamiento simplemente no permitía una cosa como esa.

Así pues, de regreso en los Estados Unidos, los soldados trajeron la concepción errónea de que las geishas son mujeres que venden sexo, simples prostitutas con aspectos rebuscados para hacerse interesantes.

Junto con este malentendido, están obras que aprovechan el misterio de las geishas para mezclarlo con la ficción y de esta manera, lograr que el malentendido sea aún mayor. Tal es el caso del libro Memorias de una Geisha escrito por Arthur Golden, en el cual le asigna rituales y comportamientos propios de las prostitutas para hacer su historia más picante.

No me mal entiendan, el libro sí es bueno y la historia es conmovedora, además del hecho que el autor hizo un exhaustivo trabajo de investigación en el cual logró documentar muchos detalles interesantes de la vida de las geishas para colocarlos en el libro, pero aún así, pinta a estas artistas como mujeres que se esfuerzan toda su vida para alcanzar el perfeccionamiento de las artes japonesas tradicionales para finalmente, hacer recaer su valor en cuánto quiere pagar un tipo por su virginidad.

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Algo absurdo y alejado de la realidad.

El problema con este tipo de libros es que, la gente no suele investigar más allá, por lo que se quedan con esa concepción errónea y la reproducen sin siquiera estar seguros. Esto se hace mucho peor cuando sacan una película (sí, dirigida por Spielberg) en la cual sigue cometiéndose el mismo error, a partir de lo cual se reproduce (AÚN MÁS) el estereotipo y el malentendido, condenando a estas profesionales a ser vistas como simples prostitutas por el resto del mundo.

En su libro, Mineko Iwasaki habla detalladamente de los rituales y códigos que se siguen cuando una joven decide dedicarse a esta profesión, dejando claro no tienen permitido ningún tipo de contacto sexual con los hombres. Si bien es cierto que la mayoría de sus clientes pertenecen al género masculino, estas mujeres tienen terminantemente prohibido dejar entrar hombres a la okiya (el lugar dónde viven). Además, cuando quieren tener una relación sentimental, primero deben notificar a la dueña de la misma o “madre” para que la misma permita o bendiga esa unión.

De esta forma, es una lucha para nuestros amigos de Japón y, personalmente, la razón por la que decidí informarme sobre la verdad de estas mujeres fue porque me indignaba demasiado pensar que unas criaturas tan hermosas, serias y tan dedicadas invirtieran tanto esfuerzo, dinero y habilidad para ser unas simples putas

A pesar de todo,  aprender es divertido y compartir lo que se aprende lo es aún más, así que, la próxima vez que hables de Japón recuerda que es algo más que Pokémon y sumos.

Y las Geishas son más que maquillaje y kimonos, pero más importante, ¡NO SON PROSTITUTAS!

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