Más vale democracia conocida que buena por conocer

Qué desconsiderados somos hablando mal de los presidentes. Sobre todo cuando muchos de los más actuales han sido extraordinariamente eficientes haciendo una cosa bien: acabar con la democracia.
Y tampoco es que lo hacen a la fuerza, no, sino más bien con elecciones democráticas en donde obtienen casi el 50 % de los votos. Con lo cual deduzco que muchos de nosotros, los electores, como que tampoco amamos la democracia.
Por eso presto este espacio para que hagamos, quizás, un último ejercicio democrático: votar por el sucesor de la democracia. Pues si la palabra “Democracia” surge de unir los términos griegos “Demos” (pueblo) y “Kratos” (poder) para significar “poder del pueblo”, entonces votemos por alguno de los siguientes sistemas creados especialmente para hacernos sentir poderosos:
Redescracia:
Gobierno en donde gana el más viral y cuyo gabinete queda compuesto por la élite… pero la élite de influencers con más seguidores.
Un sistema en donde las cadenas presidenciales no duran más de treinta segundos, la agenda del congreso la marcan los tópicos en tendencia, las leyes entran en vigor si alcanzan el millón de likes y cuya constitución, impuestos, salario mínimo y jornada laboral son definidos por el algoritmo.
Un régimen que puede destituir a todo funcionario que suba un baile o un doblaje fuera de sincro y en donde los golpes de Estado se hacen con cancelaciones.
Reguetocracia:
Sistema en donde solo pueden postularse candidatos que se presenten a dúo, le den hasta abajo y expongan su programa de gobierno con rimas terminadas en “ulo”.
Un gobierno cuyo himno nacional se hace en colaboración, el presupuesto anual se mide en millones de copias vendidas, la agenda de temas del congreso es una playlist y los debates se hacen con tiraderas.
Modelo especialmente recomendado para países con poblaciones viejas, pues aumenta de inmediato la tasa de natalidad.
Cafecitocracia:
Donde el poder político lo detentan quienes tienen los más altos índices de cafeína y el presidente es tan acelerado, que su gobierno solo dura dos años.
Un sistema en donde ninguna decisión se toma sin antes decir: «Bebámonos un cafecito y lo charlamos». Por eso, las sesiones del congreso duran veinticuatro horas seguidas y producen hasta trece mil ideas por minuto, aunque ninguna sirva.
Un modelo en donde el oro negro es el expreso, el presupuesto nacional no se mide en barriles sino en tazas de café, la deuda externa se cuenta en número de capuchinos de Starbucks y los ciudadanos que tomen té son enviados al exilio.
Alcoholicracia:
Gobierno en donde se subsidia el licor para que todos beban y arreglen el mundo. Luego esas propuestas son recogidas por un equipo multidisciplinario de personas sobrias para después ponerlas en práctica bajo las filosofías de los padres de la patria: Johnnie Walker, Jack Daniel, Jim Beam y José Cuervo.
Mascoticracia:
La peor de las tiranías, pues todo gira en torno a los designios caprichosos de un cuchi y adorable pug cachorro, cuya policía política está integrada por chihuahuas hambrientos que son dirigidos por un gato negro. Un gobierno que afortunadamente castiga con cárcel a todo aquel que haga sus necesidades donde no debe, aunque siempre termina decretando medidas económicas que nos ponen a todos en cuatro.
Ahí tiene todas las opciones de la posdemocracia. Vote por la que más prefiera para ir totalizando los resultados. Mientras tanto yo viajaré a Disney, pues con este mundo como está, prefiero vivir en plutocracia.
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