La verdad ya no importa, es el tiempo de la posverdad
Editorial #416 – Fake news, posverdad y realidad

En los últimos días, cinco personas fueron linchadas en una zona rural de India por una noticia falsa que circuló por Whatsapp, en la que se afirmaba que estaban involucrados en una red de tráfico de niños. Desde mayo, son más de una decena de personas que mueren de esta forma  en ese país como consecuencia de cadenas falsas que los involucraron en hechos que nunca existieron.

La noticia puede ser falsa, pero sus consecuencias son reales. Y esto no es casual: el objetivo del contenido falso es engañar o desinformar sobre cierto asunto a un grupo específico de personas. La manera en la que se hace es cuidadosamente desarrollada: por ejemplo, se crean medios digitales con los mismos formatos que los reales, en ellos se publican nueve noticias reales y, entre ellas, una falsa. Así es todavía mucho más difícil para el lector diferenciar la verdad de la mentira.

Es por eso que hoy existe una gran preocupación sobre cómo evitar el inmenso daño que hacen. Los medios de comunicación y los periodistas son los que más intensamente se han enfocado en el tema. No es casual: su credibilidad se ve seriamente amenazada por las fake news.

Sin embargo, debemos comprender que éste no es un problema solo para ellos. Por ejemplo, la política ya ha empezado a sufrir sus consecuencias. En los últimos meses hemos escuchado mucho sobre cuánta influencia tuvieron las fake news en las elecciones del Brexit en Gran Bretaña o en las presidenciales de los Estados Unidos. Mucho más recientemente, en las elecciones en México, la divulgación de contenido falso  jugó un rol principal durante la campaña, en la que unos y otros se acusaban mutuamente de generar noticias falsas.

No podemos pensar en fake news sin pensar en la tecnología y en la posverdad. El enorme impacto que hoy tiene el contenido falso es gracias a su masiva e inmediata difusión gracias al internet, las redes sociales y los programas de mensajería celular. Sumado a eso, en una era en la que más importante que la verdad de un hecho es cómo nos sentimos respecto a ese hecho (posverdad), es la fórmula perfecta para que la percepción sea más importante que la realidad.

También es importante saber que todos nosotros jugamos un rol en esta cadena. Un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT) de los Estados Unidos, realizado en 2016 y 2017, probó que las fake news se extienden más rápido que la verdad. Ese mismo estudio demostró que somos los humanos -y no los boots– los responsables de esa difusión.

Otros trabajos de investigación también arrojan resultados preocupantes. Los niños y adolescentes tienen mucho acceso a información y pocas herramientas para diferenciar cuál de esta es verdadera y cuál no. Existen estudios que afirman que siete de cada 10 jóvenes a los que se les manda a investigar algo en el colegio, usan como principal fuente de información lo que encuentran en el primer link de la búsqueda de Google. Solo uno de esos 10 busca una segunda fuente.

Queda claro que no será suficiente lo que se pueda hacer desde el origen –Whatsapp, producto de lo ocurrido en la India, acaba de incluir una modificación en la que se puede saber si un mensaje recibido ha sido escrito o “reenviado”- sino también tendremos que poner de nuestra parte como receptores de la información.

Atrás quedaron los tiempos en los que lo que uno leía en un libro de la escuela o de la biblioteca era asumido como una verdad indiscutible. Antes, durante la cena familiar, se preguntaba sobre cómo había estado la clase de matemáticas o de historia. Ahora también se debe incluir la consulta, a los niños y adolescentes, sobre qué vieron en internet, qué mensajes recibieron por Whatsapp o qué noticia leyeron en sus redes sociales.

Según la agencia de noticias AFP, algunos colegios de Brasil han incluido en su pénsum una clase obligatoria de análisis de información e identificación de fake news, en un esfuerzo de contrarrestar la creciente propagación de éstas.

Ese es el camino. Tenemos que estar a la altura de los nuevos desafíos que la era de la posverdad, la tecnología y las fake news nos presentan.

 

Miguel Velarde
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