El Diario

Auguste Morisot nació en Seurre, una pequeña población de Côte D´or en la Borgoña francesa, el 12 de abril de 1857. Era el segundo hijo de una familia de modestos recursos y desde temprana edad aprendió, junto a su hermano mayor Louis, a trabajar para ganarse el pan de cada día.

Se mudaron a París, conocieron un grupo de emigrantes Lioneses y éstos los ayudaron a conseguir trabajo en un telar que trabajaba con seda, una lujosa fibra traída desde el lejano oriente. Con las ganancias acumulados por su labor en el telar compró un pasaje a Inglaterra, donde aprendió el idioma. Su experiencia en la Gran Bretaña lo llevó a descubrir su vocación por el arte. En 1880, a la edad de 23 años, regresó a Francia estableciéndose en Lyon e ingresó a la Escuela de Bellas Artes.

Hizo gran amistad con uno de sus condiscípulos llamado Henry Page, primogénito de un ingeniero industrial especializado en el negocio de la seda. Una tarde de 1882, en una reunión social organizada en casa de la familia Page, a las que usualmente acudían artistas e intelectuales, conoció a la hermana de Henry.

Pauline cautivó su corazón desde el momento que pudo entablar conversación con ella y sacarle una sonrisa con uno de sus comentarios. Esos ojos verdes, su larga cabellera negra y encantos lo fascinaron. Continuaron viéndose en casa de los Page en aquellas tertulias dominicales, el tiempo juntos los llevó a enamorarse y se juraron amor eterno grabando sus iniciales en las puertas de la iglesia en la Cartuja de Portes, un precioso lugar ubicado en las cumbres de los Alpes Franceses.

Los convencionalismos de aquellos tiempos hacían de todo punto imposible que una persona de origen humilde pretendiera una mujer de recursos como Pauline. Por ello se vieron forzados, de mutuo acuerdo, a mantener su amor en secreto hasta que Auguste contara con la riqueza o fama suficiente para pedir su mano. La oportunidad de oro para encaminar sus planes se presentó en octubre de 1885, cuando el famoso explorador Jean Chaffanjon entró a la ciudad buscando un dibujante para su próxima expedición al Orinoco.

Para ello la Cámara de Comercio de Lyon convocó a un concurso. El ganador obtendría la cantidad de 12.000 francos para gastos del viaje y otros expendios, además de una participación en las ganancias de la expedición con la oportunidad de aplicar los dibujos de flora y fauna en diseños de telas en la industria de la seda.

Los enamorados decidieron que participar en aquel concurso era la única manera posible de cumplir el sueño de contraer nupcias. Participar en aquella expedición brindaría el prestigio y la fortuna que necesitaba para que la familia Page diera consentimiento al enlace marital. Por ello el joven artista emprendió en un entrenamiento especial para dibujar flores.

Mientras practicaba esbozando especies como la Ochrosia Borbónica, Gentiana Ligústica o Aster Pyraneus, el concurso fue repentinamente cancelado. La mala reputación de Chaffanjon hizo que la Cámara de Comercio retirara la oferta. Por tanto, si el explorador deseaba llevar consigo un dibujante a su viaje por el Orinoco debía hallarlo por su cuenta y costearlo de su propio bolsillo.

Morisot estaba listo con su entrenamiento, desde joven soñaba participar en una gran aventura y sabía que, de una manera u otra, la expedición al Orinoco sería un importante paso en el camino de sus pretensiones. Entones buscó entrevistarse con Chaffanjon para ofrecer acompañarlo sin remuneración alguna.

El 28 de enero de 1886 redactaron un contrato en el cual establecieron que las conferencias o publicaciones serían firmadas por ambos y los ingresos repartidos en partes iguales. Una semana después de firmar el documento se encontraban en París, culminando trámites, consiguiendo autorizaciones de los órganos competentes para embarcarse en su aventura. El 6 de febrero zarparon del puerto Saint Nazaire con rumbo a su destino.

Amanecieron frente a las costas de Guadalupe el 18 de aquel mes y al día siguiente desembarcaron en Martinica. De Allí partieron con destino a Trinidad, luego hasta la Guaira, donde llegaron a mitad de marzo. Entonces consagra su tiempo dibujar y escribir sin pausa, cualquiera diría que Auguste Morisot intenta esbozar con palabras todo lo que no puede, de momento, conservar en su croquis.

Su Diario, llevado escrupulosamente desde el día de su salida de Francia, se encuentra plagado de descripciones a todas luces pictóricas. El artista quedó impactado ante los exuberantes colores y paisajes del trópico. De sorpresa en sorpresa fue descubriendo las diferencias en el clima, vegetación, olores y tipos humanos. Todo lo asombra y cautiva en este nuevo mundo. Aunque su labor como dibujante oficial de la expedición lo obligue únicamente a ilustrar flora y fauna, dedica su tiempo a pintar y escribir sin descanso.

Pasaron más de un mes en Ciudad Bolívar buscando embarcación y tripulantes para comenzar a remontar el río. La noche antes de partir en la expedición Auguste pensaba en Dulcinea. La presencia de Pauline, siempre en su pensamiento, se manifiesta en afectuosas cartas con foto y un mechón de pelo, como se acostumbraba entre amantes aquellos remotos días.

Varias amistades le advirtieron que debía andarse con cuidado alrededor de Chaffanjon, pues podía no volver con vida de su aventura. Él hizo caso omiso a las precauciones de sus conocidos haciendo todo lo posible por ganarse la mano de su pretendida. El miedo lo invadió la noche antes de partir en la gran aventura, pero ya no había vuelta atrás. No quedaba otra que remar contra la corriente del Orinoco  y únicamente así podría ganarse la mano de la joven Page.

Fue así como esta historia de un amor imposible se convirtió en el motor de la pluma y el pincel que ilustra el famoso Diario de Auguste Morisot, la obra que inspiró la novela del “Soberbio Orinoco” de Julio Verne.

Jimeno Hernández
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