Es posible que a Guaidó no le quede otra alternativa que asumir lo que la gente ya asumió
Editorial #441 – Expectativa

De manera sorpresiva nos encontramos nuevamente en un punto crítico. Después de mucho tiempo de una aparente resignación a su pesadilla, los venezolanos han vuelto a sentir que existe la posibilidad de un despertar.

Claro ejemplo de esto es el éxito de los cabildos ciudadanos convocados por la oposición en los últimos días. No fue solo la concurrida asistencia la que sorprendió a todos –no olvidemos que durante más de un año, la dirigencia opositora no lograba llenar ni media cuadra en ningún tipo de convocatoria-, sino también la energía de la gente.

Ocurrió desde Santa Lucía en el Zulia hasta El Valle al sur de Caracas. En todos los casos, el hartazgo con quienes hoy usurpan el poder es inmenso y el grito uno solo: ¡Fuera Maduro!

Sin duda es un momento cumbre para una dirigencia opositora que no lograba conectar con la gente. Por esos inexplicables azares de la vida y de la política, un diputado de 35 años como Juan Guaidó se encontró en el momento y en el lugar precisos para inspirar, con su juventud y su compromiso, a millones de venezolanos que no veían salida.

Sin embargo, el gran reto que tiene hoy Guaidó es no terminar siendo otro Capriles. No nos olvidemos que en su momento, el dos veces candidato presidencial también logró cautivar e inspirar a multitudes, pero luego no estuvo a la altura del desafío que enfrentaba, y no solo decepcionó a millones, sino que jugó un rol estelar en alargar esta tragedia.  

Guaidó está a tiempo de elegir entre la gloria y el olvido. Hoy se encuentra entre dos fuerzas que chocan de frente: la de los comprometidos con el cambio en Venezuela que lo reconocen como presidente encargado y están dispuestos a arriesgarlo todo con él, y la de los que, disfrazados de oposición, buscan darle con las mismas excusas de siempre, tiempo y oxígeno al régimen.

El 23 de enero será determinante para el destino que esta nueva etapa de lucha. La gente, que ha encontrado en Guaidó la mejor excusa para volver a creer, no está dispuesta a dejarse utilizar una vez más. Por eso, lo más probable es que más allá de las tradicionales fuerzas e intereses políticos que a esta hora se están moviendo, a Guaidó no le quede otra alternativa que asumir lo que la gente ya asumió.

Nada por debajo de eso llenará la gran expectativa que hoy tiene Venezuela.

Miguel Velarde
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