Ningún país está a salvo si no entendemos y enfrentamos la amenaza regional que tenemos al frente
Editorial #481 – Una región en llamas

Hace pocos días conversaba con algunos venezolanos que emigraron a Chile y se felicitaban por su decisión, comparando su realidad con lo que ocurría en ese momento en Ecuador, Perú e incluso Argentina. Hoy ya no se los nota tan tranquilos, se dieron cuenta de que la realidad es otra, incluso en un país como el chileno que era “el ejemplo a seguir” en nuestra región. 

En solo semanas, se han desatado o profundizado conflictos sociales, económicos y políticos en Perú, Colombia, Ecuador, Argentina, Chile y Bolivia.  Todos estos se suman a las graves y permanentes crisis que atraviesan Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Nada de esto es casualidad. Después de la última reunión del Foro de Sao Paulo que se realizó en Caracas en julio de este año, diferentes movimientos que pretenden desestabilizar a gobiernos democráticos de la región han arreciado, desde el retorno a la lucha armada en Colombia, anunciado por un sector de las FARC, pasando por el intento de despojar de la Presidencia a Lenín Moreno en Ecuador, hasta los movimientos que en estos días buscan destituir a Sebastián Piñera en Chile. 

De ninguna manera podemos ignorar los problemas locales de nuestros países ni los reclamos legítimos de la gente. Tampoco podemos hacerlo con las multitudes que protestan, como las de los indígenas en Ecuador o al más de un millón de personas que marchó en Chile el viernes en lo que fue la movilización más grande desde el retorno a la democracia.  

Sin embargo, tampoco podemos ser ingenuos y no reconocer que existen fuerzas poderosas detrás de las protestas que buscan generar inestabilidad y se aprovechan de las demandas de la gente con fines políticos y criminales. Cuba está a la vanguardia de la desestabilización de las democracias de la región desde hace décadas y ahora Venezuela encabeza esos intentos, incluso admitiendo sus líderes más importantes que lo que estamos viendo es solo una “brisita” del “huracán bolivariano” que se viene. 

Hoy debería estar claro para todos que ningún país está a salvo si no entendemos y enfrentamos la amenaza regional que tenemos al frente. Desde hace mucho, el Socialismo del Siglo XXI busca destruir las democracias desde el poder para eternizarse en él, como en Bolivia, o sabotearlas desde la oposición para llegar al poder, como en Colombia, Ecuador o Chile.

Las fuerzas democráticas en nuestro hemisferio ya deberían haber comprendido el tamaño del desafío que tienen por delante y empezar a coordinar esfuerzos para enfrentarlo. Seguir creyendo que cada uno de los conflictos que los países viven son problemas locales y no parte de un gran plan regional, ya no es solo ingenuo, sino también imperdonable. 

Es evidente que se nos acaba el tiempo para frenar a una revolución del mal que tiene a nuestra región en llamas. 

Miguel Velarde
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