El Instituto de Bellas Artes

El año 1872 fue uno plagado de turbulencias para el país, el general Antonio Guzmán Blanco comenzaba su dictadura con puño de hierro y sucedieron cosas graves. El nuevo Presidente de la República comenzó a enfrentar a la oposición con medidas drásticas.

Comenzaron los roces con la Iglesia y los primeros brotes de rebeliones. El panorama político hervía en una paila y distintos caudillos regionales continuaban levantando armas contra el gobierno. Según el propio Guzmán Blanco, Venezuela era como un cuero seco, pues al pisarlo por un lado se levantaba por el otro. Pero todo eso no evitó que los pobladores de la capital vivieran una vida más o menos normal. No todo era conjuras o escaramuzas a punta de lanza y machetazo en aquella época. 

Ese mismo año sucedió un evento que muestra otra faceta de esos tiempos remotos. A las 11:41 de la mañana del 23 de Abril por primera vez ascendía una expedición al Pico de Naiguatá, el más alto de la cordillera de la costa. La excursión fue organizada por el inglés James M. Spence, personaje que vivió un tiempo en Venezuela y era un verdadero enamorado del arte. Acompañaron a este aventurero el general Leopoldo Terrero, el naturista alemán Anton Goering, el ingeniero de minas Gustavo Adolfo Hubel, el pintor Ramón Bolet, el doctor Simón Vaamonde y el señor Enrique Lisboa, de la Legación de Brasil. Sirvieron como guías al grupo los hermanos Miguel y Julián Rivero.

Aquello fue una noticia que voló como el viento y se consideró evento importante en la usualmente aburrida Caracas. El episodio dio mucho para hablar, mereció grandes fiestas y regocijos, hasta el poeta Heraclio Martín compuso una extensa poesía sobre la proeza  

Entre los múltiples agasajos que se le hizo a Míster Spence tras el éxito de su empresa, se produjo uno en el célebre local “Café del Ávila”, afamado local del músico Idelfonso Meserón, decorado con los dibujos de Ramón Bolet. Esa tarde hubo brindis, discursos, muchas flores y banderas. Después guindaron un retrato de Spence pintado por el artista Diego Casañas y se llevó a cabo un programa de música de canto y piano en el que participaron Idelfonso Meserón y Eduardo Calcaño, así como la lectura de un poema de la pluma de Jacinto Gutierrez Coll.

En el evento surgió una idea interesante, al enterarse que el inglés regresaría pronto a Londres, llevándose con el la extensa colección de cuadros de artistas venezolanos, el general Terrero, Nicanor y Ramón Bolet Peraza, lo convencieron de realizar un evento en el cual la gente pudiese acudir a verlos, así nació la idea de realizar lo que sería la primera exposición de pintura realizada en la capital de Venezuela. 

La inauguración tuvo lugar el 28 de Julio, los cuadros de míster James Spence adornaban el salón del “Café del Ávila”, mucha gente en Caracas colaboró también, prestando también sus piezas para la exhibición. Ese día se reservó un periodo desde las ocho de la mañana a las tres de la tarde para que solo concurrieran invitados especiales. A las seis se clausuró la sala de los cuadros y se dirigieron al comedor, donde se produjo un gran banquete que comenzó a las ocho con discursos a cargo de Antonio Leocadio Guzmán, Eduardo Calcaño, el general Ramón de la Plaza, Nicanor Bolet Peraza, y los doctores Santiago Terrero y Martín Sanabria. 

La exposición fue evento de cuatro días y fue bastante visitada, se calcula que alrededor de unas doce mil personas pasaron por el “Café del Ávila” para ver la colección de arte del inglés, así como otras familias pudientes de la ciudad.

En esta se mostraron cuadros o dibujos los artistas Diego Casañas, Ramón Bolet, Carmelo Fernández, Anton Goering, Gerónimo Martínez, Celestino Martínez, Pedro Herrera Vegas, Manuel Cruz, Néstor Hernández, Manuel Otero y Martín Tovar y Tovar. También se mostraron esculturas de Manuel González y de la señorita Dolores Ugarte, así como fotografías de Próspero Rey y José Antonio Salas.

Fue el doctor Sanabria, ministro de Guzmán Blanco, quien, exaltado por la emoción levantada por los discursos del banquete, expuso que el gobierno podría conseguir la necesaria cooperación para fundar un Instituto de Bellas Artes, y exhortó a los presentes a prestar la colaboración posible para semejante proyecto. Fundar una escuela de esta índole era necesaria en la Venezuela de entonces, ya que las anteriores de arte ya no existían, la Guerra Federal había acabado con todo eso.

Fue así como la aventura de un británico en su empeñó por conquistar la cima más alta de la cordillera de la costa, y el agasajo que le hicieron para celebrar su éxito en el “Café del Ávila”, dieron la idea de hacer la primera exposición de pintura en Caracas, creando las bases para la fundación del Instituto de Bellas artes, que fue inaugurado en 1877.   

Jimeno Hernández
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