La más reciente operación del chavismo pretendía descalificar el informe de la OEA sobre Bolivia
Editorial #498 – La reelección de Almagro

FOTO: El País de España

La noticia sorprendió a todos. El prestigioso periódico estadounidense, el Washington Post, publicó los últimos días de febrero un artículo en el que afirmaba que “no hubo fraude electoral en Bolivia” y que la OEA “no tenía motivos para declarar que hubo fraude”.

Su fuente era un informe de la reconocida universidad Massachussets Institute of Technology (MIT) en Cambridge, más precisamente de su Laboratorio de Ciencias y Datos Electorales (CEPR, por sus siglas en inglés). 

Inmediatamente todo el sistema de propaganda de la izquierda internacional se hizo eco de la noticia. Desde el gobierno de México a través de su canciller, quién le exigió a la OEA dar explicaciones, pasando por el siempre activo vocero del Socialismo del Siglo XXI, el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, hasta el mismo presidente de Argentina, Alberto Fernández, quien por Twitter ratificó su apoyo a Evo Morales y su convicción de que había ganado las elecciones en Bolivia. Por supuesto, junto a estas voces, también se activó todo el aparato comunicacional venezolano-cubano, que con los grandes recursos que cuenta se encargó de difundir la “noticia”. 

Sin embargo, todo era una gran mentira. La desenmascaró el propio MIT por medio de una carta pública de su rector, en la que rechazaba haber realizado el informe y confirmaba que éste había sido elaborado  por dos de sus investigadores “como contratistas independientes”. Pero la farsa no quedaba ahí, también se pudo saber que la nota no había sido publicada en el Wasington Post, sino en uno de sus blogs llamado Monkey Cage.

Al hilar más fino sobre esta farsa, rápidamente se pudo conocer que toda esta operación había sido montada por el chavismo internacional y los diversos operadores con los que cuenta, incluso en Washington. Fue tan burda, que rápidamente se desmoronó.

Lo que está claro es que los grupos que pretenden desestabilizar la democracia en la región no descansan. En este caso, su objetivo principal no era el gobierno transitorio de Bolivia (que ya ha sido víctima de constantes ataques estos últimos meses) sino la OEA. Más precisamente, su secretario general, el uruguayo Luis Almagro, un firme aliado de la libertad y la democracia de nuestras naciones. 

La más reciente operación pretendía descalificar el informe de la OEA y desacreditar a Almagro por este “gravísimo error”, a pocos días de que se debe elegir a quien encabezará esa organización los próximos cinco años. Evo Morales ha repetido en varias ocasiones que el uruguayo fue una de las personas que encabezó el “golpe” que lo separó del poder. 

Con lo que Morales y sus socios no contaron fue que no sería tan fácil mantener una mentira que involucraba a una institución tan prestigiosa como el MIT como seguramente lo fue mantener las incontables falsedades que dijo mientras era presidente y tenía absoluto control en Bolivia.

Es evidente que la llegada del socialismo al poder en México y Argentina ha sido muy dañina para la libertad de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Operaciones como la realizada contra Bolivia y la OEA son comunes y debemos estar alertas.

Además, debemos trabajar para preservar la libertad que han logrado países como Bolivia, Uruguay, Brasil y otros, porque nos conviene a todos, así como mantener a la OEA lejos de las garras del Foro de Sao Paulo.

Para esto último, que el actual Secretario General continúe en su puesto es clave, porque además la alternativa podría ser que lo reemplace alguien que llegue para trabajar por los intereses del chavismo internacional y pocas cosas serían tan dañinas para la lucha que nuestros pueblos están dando como esa. 

Es por eso que la reelección de Almagro el próximo 20 de marzo al frente de la OEA es simplemente indispensable.

Miguel Velarde
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