No se puede enfrentar un escenario tan difícil sin contemplar sus diversas y complejas aristas
Editorial #505 – Serán cenizas

Cuando a principios de marzo advertimos que debido a la inesperada pandemia del Covid-19 podíamos llegar a una parálisis casi total de la economía, muchos creyeron que se trataba de una exageración. No lo era. Simplemente no tuvimos la capacidad de medir la magnitud del problema que estábamos a punto de enfrentar. 

Aprendiendo de esa experiencia, hoy la pregunta que debemos hacernos es, ¿estamos midiendo el potencial desastre económico post pandemia?

La gran mayoría de los gobiernos de la región coinciden en algo: alargar la cuarentena, por lo menos hasta mediados de mayo. Así mismo, todo indica que decidieron “no pensar” por ahora en la economía y, cuando lo peor de la pandemia pase, ver qué se hace.

¿Por qué es esa nuestra conclusión? Porque ninguno de los gobiernos de la región conformó aún equipos permanentes de asesores en economía, sociología y psicología, así como tienen desde hace semanas equipos de especialistas en salud trabajando codo a codo con los presidentes y las más altas autoridades oficiales. 

Esta pandemia es una guerra en la que la batalla sanitaria es sólo la primera. La estrategia se debe definir tomando en cuenta también las próximas: la económica, la política, la social, y la emocional, entre otras. 

No se puede enfrentar un escenario tan difícil como el que nos plantea el Covid-19 sin contemplar todas sus diversas y complejas aristas. La posguerra debe pensarse durante la guerra, así como la pospandemia debe pensarse durante la pandemia. 

De otra forma, el costo y el dolor a corto plazo pueden ser inmensos, incluso mayores al sanitario. Es incomprensible que la mayoría de los gobernantes siga tomando decisiones solo con base en lo que sugieren epidemiólogos e infectólogos. 

Además, el gran problema con la crisis económica que viene no es solo que nadie sabe cuándo volveremos a la normalidad, sino que esa nueva «normalidad» no será como antes, porque tendremos una economía mucho más pequeña y frágil que la que teníamos hace solo dos meses y muchas más restricciones que nunca antes. 

Si no actuamos desde ahora para diseñar e implementar un plan para rescatar nuestras fuerzas productivas, empresas, comercios y empleos, en muy poco tiempo nos pasará lo que nos pasó con el virus: el escenario será mucho peor de lo que imaginamos. 

Cuando pretendamos reconstruir la economía, ya no serán escombros los que encontremos. 

Serán cenizas.

Miguel Velarde
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