No hay mayor debilidad para un político que una encuesta que refleja altos índices de popularidad
Editorial #506 – Hartazgo

“La pandemia es muy importante como para dejarla solo en manos de epidemiólogos”. Esa frase la escuché hace pocos días, cuando un reconocido economista en Argentina abogaba, casi de manera desesperada, por medidas que flexibilicen la cuarentena y permitan a pequeños comercios y trabajadores independientes retomar sus actividades para no quebrar definitivamente. 

Hasta hace poco, las encuestas reflejaban lo predecible en situaciones como ésta. Ante una crisis tan sorpresiva y profunda, en una “guerra” contra un enemigo invisible y letal como el Covid-19 y entre la incertidumbre y el miedo, la gran mayoría de los ciudadanos se alineó con sus gobernantes y el país se unió en torno a su líder. 

Uno de los ejemplos más reveladores de esto es lo ocurrido en Argentina. Alberto Fernández llegó al poder derrotando a Mauricio Macri en las elecciones del 27 de octubre del año pasado en las que alcanzó el 48,24% de los votos. 

En marzo, en plena pandemia y recién decretada la cuarentena, casi un 80% aprobaba su gestión y la imagen positiva del presidente Fernández alcanzaba el 93,8%. Niveles récord para un gobierno que había comenzado su gestión tres meses antes y con serias dificultades económicas. 

Es también predecible que ésta no sea una realidad que pueda prolongarse mucho en el tiempo. Sobre todo, cuando una de sus características centrales es el encierro obligatorio de la población y la paralización total de la economía. 

Lo mismo ocurre en otros países como Brasil, México o Perú, que sin importar cómo encararon el problema, en un principio se evidenció un apoyo irrestricto al gobierno, pero con el paso de las semanas eso fue cambiando. Ahora que la mayoría de las naciones de nuestra región ya transita una cuarentena de más de 40 días, los síntomas de fatiga económica y emocional se empiezan a hacer evidentes. 

El gran problema es que todavía muchos de los gobiernos siguen empeñados en seguir una ruta diseñada solo por epidemiólogos, cuando la crisis que nos presenta la pandemia es diversa y compleja. No solo la salud se mide en vidas, si no logramos contener la hecatombe económica que se viene, también podría medirse así. 

Lo que algunas autoridades no comprenden es que la salida de la cuarentena será mucho más difícil que la entrada. Y que, por lo tanto, requerirá de sólidos acuerdos políticos y también del apoyo popular. Es por eso que un escenario de pérdida de popularidad de los liderazgos pone en riesgo el proceso de salida de la cuarentena, porque para ser exitoso requiere de un gobierno con autoridad y que goce de la confianza de la gente. 

Sin embargo, una vez más vemos que no hay mayor debilidad para un político que una encuesta que refleja altos índices de popularidad. Los liderazgos parecen perder el contacto con la realidad y, a pesar de su experiencia y capacidad, muchos no terminan de entender que la gente te apoya hasta que te deja de apoyar.

Y todo parece indicar que en estos tiempos de pandemia, cuarentena y crisis, el momento del hartazgo está a punto de llegar. 

Miguel Velarde
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