Históricamente la izquierda ha aprovechado las crisis para desestabilizar a las democracias y tomar el poder
Editorial #508 – Otro nombre, el mismo objetivo

Desde el principio de la pandemia era predecible que ésta iba a ser una amenaza para las democracias de la región y una gran oportunidad para los regímenes autoritarios en su afán de atornillarse en el poder. 

Ante una crisis de la magnitud del Covid-19 y el miedo y la incertidumbre que genera, las fuerzas populistas, ya sea desde el poder o desde la oposición, ya empezaron a coordinar esfuerzos para socavar las libertades y coartar, aún más, los derechos de las personas. 

Es por eso que incluso hoy, cuando aún no superamos la primera etapa de la crisis, se hace urgente pensar la pandemia no solo en términos de salud o economía. Debemos hacerlo también en relación a la libertad y por la preservación de nuestros derechos más básicos, conscientes de que las crisis más profundas son siempre terreno fértil para quienes tienen aspiraciones autoritarias. 

Hoy, casi sin excepción, la libertad está en riesgo en los países que lograron preservar o rescatar sus democracias de la ola socialista que arrasó con la región desde finales del siglo pasado. 

En los otros, que cayeron en las garras de las tiranías y aún no logran liberarse, como Venezuela, México, Cuba y Nicaragua, los regímenes buscan consolidarse en el poder y utilizar al virus como la excusa perfecta para que se aplique mayor control y persecución.

Sin embargo, unos y otros, se organizan juntos para aprovechar la crisis que viene para su beneficio político. La izquierda regional se viene agrupando desde hace años para destruir nuestras democracias: primero en el Foro de Sao Paulo, ahora en el Grupo de Puebla e incluso en un nuevo invento: la Internacional Progresista. 

Su última cita se dio el viernes, cuando por videoconferencia realizaron el V Encuentro del Grupo de Puebla, en el que participaron representantes de 14 países de Iberoamérica. En éste, no se limitaron a apoyar a sus aliados en el poder, sino también dedicaron un buen tiempo a atacar a gobiernos democráticos como los de Bolivia, Colombia, Ecuador y Chile. 

No sorprende, porque históricamente la izquierda ha aprovechado las crisis -muchas veces causadas por ellos mismos- para desestabilizar a las democracias y tomar el poder. Hoy buscan repetir esa fórmula y la pandemia les da una oportunidad de oro. 

Casi 30 años después, es hora de que quienes luchan por la libertad, la democracia y la república en el continente comprendan que para poder tener éxito, también es indispensable que unan sus fuerzas para enfrentar de manera efectiva a un conglomerado que busca acabar con nuestras libertades y someter a nuestras naciones.

Con otro nombre, pero siempre con el mismo objetivo. 

Miguel Velarde
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