El tema de la gasolina hay que analizarlo desde el punto de vista político
Editorial #511 – Las peores compañías

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No hay error en los ceros, cincuenta mil millones por ciento. Esa es la magnitud en la que el régimen chavista aumentó el precio de la gasolina en Venezuela.

De ser uno de las países con el producto más barato del mundo -ridículamente barato, por cierto-, Venezuela pasó a tener un combustible bastante caro. Y aún escaso. Las colas, incluso después del anuncio de Maduro, se mantuvieron en todo el país y los problemas de la gente no desaparecieron.

La decisión del chavismo es un capítulo más de una historia que comenzó en abril del año 2002, cuando el entonces presidente Chávez, pito en mano, despidió por televisión a los gerentes de Pdvsa. Fue entonces que comenzó la destrucción de lo que en su momento fue una de las empresas más importantes del mundo y, por ende, la debacle de la industria petrolera del país.

Las consecuencias las vemos hoy, con una estatal petrolera que es un nido de corrupción, ineficiencia y destrucción. Mientras las calles del país con las reservas petroleras más grandes del mundo se desbordan con interminables colas de autos en busca de unos pocos litros de gasolina.

Este tema no es solo un asunto económico o energético, sino también será utilizado por el régimen para coartar libertades y ejercer aún más control en la población a través del “carnet de la patria”, requisito indispensable para obtener gasolina subsidiada a 5000 bolívares el litro (2,50 centavos de dólar) y no tener que pagar 50 centavos de dólar por la misma cantidad.

Lo que más preocupa y llama la atención es que el chavismo se haya sentido fuerte para tomar una medida como ésta. No solo porque es, desde hace décadas, un tema tabú en Venezuela, sino incluso por casos recientes como el ecuatoriano, donde el presidente Lenin Moreno se vió obligado a retroceder en la suspendión del subsidio energético luego de fuertes protestas.

La llegada en los últimos días de cinco buques con poca gasolina y mucha propaganda no solucionará nada y no es más que un “paño de agua tibia” a corto plazo. Y una nueva excusa para fortalecer lazos con uno de los países más sancionados del mundo: Irán.

Esto confirma que el tema de la gasolina hay que analizarlo desde el punto de vista político. Es solo una arista más de un acuerdo estratégico mucho mayor que no solo se limita a la asesoría en decisiones de energéticas, sino que es una alianza estructural central entre Irán y Venezuela.

Uno de sus principales objetivos es que los iraníes pongan su pie en la región para desestabilizarla y construir una amenaza para Estados Unidos y las democracias del continente.

Una vez más, como tantas otras veces, el régimen chavista elige las peores compañías.

 

Miguel Velarde
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