Editorial #541 – La “normalización” en Venezuela

Nadie está inventando el agua tibia

Desde hace tiempo venimos insistiendo en que al régimen chavista no le interesa la legitimación política, sino la “normalización” económica, porque ellos saben muy bien que si logran lo segundo, no importa que no tengan lo primero. 

Es por eso que el año pasado, cuando se discutía sobre si se prorrogaba o no el reconocimiento al gobierno interino y a la Asamblea Nacional legítima en Venezuela, si la Unión Europea lo aceptaría o no, o quién ganaría las elecciones presidenciales en Estados Unidos y cuál sería la posición de un eventual gobierno de Joe Biden, advertíamos que, sin dejar de ser importante, ese no era el punto central.

Este análisis se confirma con lo que estamos viendo en los últimos días: una fuerte arremetida de quienes buscan instalar la idea de que la situación en Venezuela se está normalizando.

Esta campaña se observa en el país, en medio de escombros y destrucción, pero también es notoria a nivel internacional, liderada por quienes se sienten envalentonados con la salida de Donald Trump del poder en los Estados Unidos y la ocupación de la mayoría de los países de la región con sus propios problemas. Las voces que nunca estuvieron de acuerdo con las sanciones, por ejemplo, se hacen cada vez más fuertes e incluso piden levantarlas porque “nunca fueron efectivas”.

El tema es que en Venezuela nadie está inventando el agua tibia. El régimen chavista está viendo modelos como el chino o el ruso, donde claramente ha quedado demostrado que, si se logra cierta estabilidad en lo macro de la economía, no importa que un gran sector de la población todavía viva en la miseria (es más, podría hasta convenirles), mientras la economía siga, de una u otra manera, funcionando.

Sin embargo, también está claro que al chavismo le será imposible lograr esa “normalización” de la economía y, con ella, su estabilidad política, si no existe la decisión de la comunidad internacional de acompañarla. Lógicamente, países de gran peso económico y político en el mundo, como Estados Unidos, Rusia y China, tienen un rol fundamental en todo esto, pero no es menor el papel de juegan otras naciones de la región, como Brasil, México, Argentina y Colombia.

La “normalización” de la economía en Venezuela y, con ésta, la estabilización del chavismo en el poder por los próximos años, no pasa solamente por la decisión del régimen, sino también por la aceptación del mundo.

Tampoco deberá sorprendernos que, ante este escenario, algunos países busquen seguir beneficiándose con la tragedia venezolana, mientras otros, sobre todo en la región, se conformen con que millones de venezolanos no sigan entrando por sus fronteras.

Lo que sí es seguro es que ésta será una nueva oportunidad para ver qué naciones están realmente comprometidas con la libertad y la democracia en Venezuela.

Miguel Velarde
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