Editorial #544 – La tristeza no tiene fin

No sorprende que la crisis venezolana haya dejado de ser una prioridad para la región

Es innegable que el drama de los venezolanos no termina ni siquiera cuando huyen de Venezuela. Para millones, que se ven obligados a abandonar su tierra en la que atravesaban hambre, enfermedad y violencia, comienza un nuevo calvario.

Además del arduo trabajo para sobrevivir, en muchos casos enfrentan situaciones de discriminación y xenofobia. No se puede generalizar, pero tampoco se puede negar que son demasiadas las historias de maltrato a venezolanos en la región como para ignorarlas.

Las imágenes que el miércoles pasado se difundieron desde Chile se suman a esta larga lista. Decenas de venezolanos, vestidos con uniformes blancos, cargando sus pocas pertenencias en bolsas de plástico y escoltados por la policía de Chile, fueron expulsados de ese país en un avión de las Fuerzas Aéreas Chilenas.

Las autoridades de ese país prometen que ese fue solo el primer vuelo de este tipo y que cualquier migrante venezolano que ingrese de manera ilegal tendrá el mismo destino.  

Nadie puede cuestionar las decisiones de un país soberano y menos si están en consonancia con sus leyes. Pero tampoco podemos analizar los hechos fuera de su contexto.

La realidad es que, como desde hace años alertamos que ocurriría, la tragedia de Venezuela hoy ya tiene consecuencias para toda la región. Son casi seis millones de venezolanos que se han visto obligados a escapar de su país en los últimos años y, la mayoría, en una situación de grandes necesidades.

La prolongación del régimen chavista en el poder no podía tener otro resultado y Chile, como cualquier otro país de la región, debe comprender que el grave problema que tenemos no se soluciona expulsando migrantes venezolanos, sino con un cambio político en Venezuela. Las naciones aliadas también deben comprender que se necesitan menos comunicados y más apoyo efectivo para lograr la libertad y la democracia en ese país.

La pandemia de Covid-19 complicó la situación interna de nuestros vecinos en la región y por eso no sorprende que la crisis venezolana haya dejado de ser una prioridad para ellos. Sin embargo, sigue siendo un tema pendiente que solo va a empeorar.

Lo que más preocupa es que algunos aún no lo comprendan y, por el contrario, crean que aunque nunca tenga legitimidad política, la estabilidad económica del régimen chavista puede ser la única solución para evitar una nueva ola de emigración de venezolanos. Ir por ese camino sería condenar a Venezuela a la prolongación de una desgracia que ya ha durado demasiado.

Mientras tanto, lo que queda claro una vez más es que, para millones de venezolanos dentro y fuera de su país, la tristeza no tiene fin.

Miguel Velarde
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