Carta abierta al político desconocido

Me atrevo a escribirte y designarte de alguna manera. “Político desconocido” es una calificación que podría tener muchas acepciones. La primera es la más obvia pues es la que alude al hecho de que todavía no sé quien eres. Pero no es solamente por eso que te llamo así. Hay otro significado que se mezcla y que no puedo dejar de mencionar, no te reconozco porque hace rato que la dedicación a la política se ha envilecido hasta hacerla extraña a los ojos de los ciudadanos. ¿Si no eres político, entonces qué eres? Por ahora no vamos a aventurarnos a una respuesta apresurada. Aunque prometo que al final del texto tal vez tenga algún criterio que quiera compartirlo contigo.

Si tuviera que comenzar por una pregunta, esa no sería otra que preguntarte por el país. Pero no aspiro a que me respondas con uno de esos informes que, en el peor de los casos, llenas de estadísticas a las que les falta correlación y alguna determinación causal. Me refiero más bien a una conjura. Te pregunto por el país para recordarte que la política deja de tener sentido si no tiene como referente algo más que tus propias aspiraciones. Me refiero al país que has perdido, que se ha alejado de tus preocupaciones y que ahora luce nada más como una excusa para mantener tu estatus. ¿Y el país? debería de ser para ti esa trompeta que te convoca a una realidad un poco más amplia que el cálculo chiquito, ese que te ronda como falsa conciencia cuando actúas con criterio de cerebro reptiliano, calculando cómo quedas tú ante cada giro de la situación.

Como no tiene sentido hablar en el vacío nos vamos a referir al caso venezolano. Vamos para veintitrés años de una derrota tras otra. Como bien sabes, en política el que gana se lo lleva todo. Los segundos puestos resultan vergonzosos. Pero en nuestro caso hay un elemento que hace peor toda la trama de esta época. El país institucional fue desguazado. Y la tendencia nunca fue otra que instaurar un socialismo totalitario, una versión aún más escalofriante de lo peor del castro-comunismo. Fuiste ciego ante las evidencias, o te faltaron cojones (perdona lo escatológico) para asumir lo que venía. Decidiste acampar en el campo yermo de libertades y derechos y esperar a que cayera el maná del cielo. Asumiste la ruta electoral, perdiste cada oportunidad, decidiste comprar a granel toda la argumentación provista por el régimen y te atrincheraste en unas cuantas gobernaciones y alcaldías.

La confianza que el país depositó en ustedes fue derrochada con cada oportunidad en la que aflojaron. Me refiero a cuando dejaron de cumplir con lo prometido o jugaron a dos bandas, diciendo una cosa al país y haciendo otra muy diferente. Por cierto, eso lo tomaron como costumbre, y así pervirtieron toda relación con los ciudadanos. En el fondo, escenificar la política, decir los discursos que convienen, adular al populacho y en simultaneo tener las mejores relaciones posibles con un ecosistema criminal voraz y depredador, terminó por engullirlos. No vale la pena aludir a hechos y circunstancias concretas que todo el mundo conoce. Tampoco insistir en la corrupción en la que han caído y el daño que les ha provocado el tener como excusa la emergencia y la supuesta persecución para no rendir cuentas, ni presentar un plan, ni siquiera para dar excusas razonables. Ni siquiera por falso decoro intentaron presentar un argumento que vaya más allá de ese gemir falsario que invocan cada vez que dicen haber dejado el pellejo en la lucha. A mí, en lo particular, me gustarían más eficacia en los resultados, y superar tanto esfuerzo chucuto y esa sospechosa insistencia en hacernos recorrer el mismo camino que nos conduce al mismo barranco.

Lo cierto es que ahora tenemos que lidiar con el peligroso vacío político. Vale la pena intentar definir mejor el concepto. Me refiero a la muy peculiar situación en la cual lo que se ha intentado hasta ahora no funciona y lo nuevo que podría funcionar todavía no ha aparecido. Y eso envuelve no solo a las estrategias fallidas sino al elenco del fracaso que las ha protagonizado. Te incluye a ti.

El vacío tiene como indicadores concretos la desafección y el hastío que en este momento muestra la sociedad, que decidió vivir al margen. También se representa el vacío en que nadie los ve a ustedes como parte de ninguna fórmula salvífica. Nadie imagina que la solución que ellos aspiran sea provista por ustedes. Ni mejoras en la libertad política ni en el bienestar social pasa por lo que ustedes hagan o dejen de hacer. El vacío es también un abismo de desencuentros, similar a esa gran sima que impide el encuentro o comunicación entre los que están en el seno de Abraham y los que sufren el lugar de los tormentos.

Es un vacío de legitimidad que ya no tiene ni origen ni desempeño a los cuales aferrarse. La gente sabe que a ustedes se les agotó el tiempo y las oportunidades y está a la expectativa de cualquier oferta diferente. El vacío es peligroso porque es el espacio propicio para los oportunistas, los demagogos y los falsos profetas. Pero esa amenaza no es condición suficiente para seguir intentando lo mismo con los mismos. Al fin y al cabo, veintidós años es tiempo suficiente para el veredicto: fallos en peso y tamaño, tibios y mediocres, pendencieros, pero no valientes, y totalmente ainstrumentales.

El vacío es de sentido y de propósitos. La política y los políticos han abandonado los por que trascendentales y hecho absolutamente vanos tanto los esfuerzos como los sufrimientos de millones de venezolanos. ¿Vale la pena acaso arriesgar algo si ustedes son los directores de una orquesta desafinada, atonal, de desertores de la decencia y de farsantes del coraje? La política carece de metas y se mantiene en un “mientras tanto” que ya no satisface, porque los tiempos de Dios, que son los de la realidad concreta, son cada día más veloces y arrebatan vida y capacidades al hombre histórico que todos somos, condenados a la pobreza, el miedo y la precariedad de una existencia desgastada en este deshacer.

¿Cuál es la intencionalidad del hacer político en este momento? Lo que dejan colar es un grito muy deshonesto de rendición que recuerda al sagaz “compañeros, por ahora no hemos podido cumplir con las metas que teníamos planteadas”. Solo que ustedes ni siquiera lanzan el “por ahora” que resultó tan funesto en la boca del demagogo. Ustedes se hincan y en la posición más cómoda posible se entregan a esa violación ritual en la que sacrifican a todo el país. No hay trascendencia alguna en esa declaración de convivencia descarada en la que comparten lecho tiranos y tiranizados, víctimas y victimarios, violadores y violados. Ustedes se quebraron en la esencia del alma. Son conciencias resquebrajadas e irrecuperables. Es difícil esperar algo más de ustedes, entre otras cosas porque tampoco les queda pudor.

El vacío también es de propósito. Y en este caso la culpa es absoluta de parte de quienes han dirigido fallidamente la lucha. Porque ustedes quieren dar por visto todo este sufrimiento. Los cientos de miles de muertos por violencia. Los que han sido víctimas de las ejecuciones sumarias practicadas por los cuerpos represivos. Los que se suicidaron al ver que no podían salir de la trampa. Los que han padecido hambre, los que han sido golpeados por la injusticia, los presos y los presos políticos, víctimas de una ausencia absoluta de derechos y garantías. Los que decidieron irse porque a su puerta llamaba la desolación. Las familias destruidas en el transcurso. Los niños abandonados, sin educación y sin mañana. Las universidades devastadas. Las industrias saqueadas. El vacío de propósito que ustedes pretenden al pasar la página y al tratar de convivir con el mal, nos niega el derecho a darle sentido a todo este sufrimiento colectivo. Ustedes tienen las almas rotas.

Porque no se trata solamente de formar parte de los afortunados que tal vez sobrevivan. Es poder gritar un ¡nunca más! que sirva de consigna y amuleto a las generaciones por venir. Es escribir la historia con adjudicación de responsabilidades. Es tener claro quien lo hizo mal y quien intentó hacerlo bien. Pero a ustedes les falta honestidad para ir más allá del sinsentido del acuerdo concupiscente y de la ominosa declaración de que están fatalmente condenados a ser la comparsa del falso realismo que impone un compartir obsceno que los transforma en meretrices de una tiranía que cabalga un ecosistema criminal siempre dispuesto a asimilarlos a ustedes. Por eso el vacío es de sentido, de propósito y de coraje moral.

Insisto, el vacío es un constructo que implica el dejarlos de ver. El abandonar sus caminos. El no sentirlos como necesarios. El comprender el fraude implícito en un mensaje que ha perdido valor. El asumir con dolor que ustedes malversaron tiempos y oportunidades. Que se vendieron ustedes, y que ahora también quieren vender la verdad, para encubrir al mal, para volverlos “ángeles de luz” a aquellos que merecerían una eternidad de oscuridad, llanto y crujir de dientes.

Creo que me equivoqué al pedirles alguna vez que concretaran una estrategia de liberación. Para los efectos de la libertad, el signo de toda acción promovida por ustedes es la improvisación, pero para mantener el statu quo, todo parece cuadrar perfectamente, tanto que es casi imposible imaginar que el fracaso sea producto de mera incapacidad. Las delaciones y la imposibilidad de adelantar ningún curso de acción sin que el primero en conocerlo sea el régimen son las medidas de las tuberías subterráneas que comunican y permiten el flujo de una relación que no se reconoce públicamente, dada la necesidad de mantener esa ilusión de que el totalitarismo no es tal, porque sigue habiendo lucha política. Empero la coreografía está agotada, y los guiones ya los conoce todo el mundo. Combaten sin hacerse demasiado daño. Les toman rehenes sin que corran demasiado peligro. Lo he dicho otras veces, esta coreografía de “lucha libre” donde toda la confrontación es espectáculo de simulación solo mantiene su sentido si mantiene buenos niveles de credibilidad aparente. Esa época ya pasó.

Ustedes se han hecho acompañar de una sociedad civil cuyas expresiones han sido penetradas y vencidas por la complicidad, el origen de los recursos que manejan y las ganas de no dejar de morder tajantemente el trozo de poder correspondiente. Entre ellas y ustedes no hay ni debates ni exigencias. Una lamentable comparsa que asiente y consiente todos los garabatos que se intentan. El Frente Amplio, la última consulta “popular”, el desgaste de las organizaciones de los empresarios, las universidades e incluso la iglesia, todos lucen aferrados a un salvavidas sin poder evitar el naufragio. No hay una referencia al país sino al ustedes, como si ceder, negociar y unirse sean los únicos verbos de la política buena. Han tratado de recitar un catecismo “apendejeado” donde el perdón no exige ni contrición, ni enmienda, ni penitencia.

En el caso de los dirigentes de los empresarios, “botaron tierrita” y rompieron filas. Encabezan una negociación ineficaz hacia una situación imposible. Ellos sueñan reconectarse dentro de la lógica de un país y todas las modalidades de hacer empresa, la cubana, sin duda la más lambucia, la rusa que es la más mafiosa, la china que es la más despiadada, y otras que mejor es no nombrarlas.  Ellos son parte de ese repertorio del fiasco en el que han desempeñado todos los papeles posibles, desde el bufón hasta el tirano, con el aplauso de quienes esperan que sigan siendo los benefactores indulgentes y alcahuetas de lo que ustedes se inventan.

Por eso, si le preguntamos a los venezolanos, la mayoría estaría muy de acuerdo en cerrar el teatro y clausurar el vodevil que ustedes no se cansan de interpretar. Por eso vivimos la época del vacío. Un país buscando nuevos intérpretes, agobiado de la farsa y a la expectativa de un obrar que los salve del péndulo cuyos extremos son la tragedia y la farsa.

¿Y la libertad qué? Sigue siendo una tarea pendiente que requerirá de los ciudadanos una revisión existencial, incluida la reflexión sobre el que hacer y un nuevo hacer. El tiempo perdido solo servirá para aprender. Tal vez la consigna más sana sea que “volvamos a comenzar nosotros, mientras ustedes se hunden en el mar del olvido”.

Ustedes no son políticos. Son embaucadores que se juegan al país en cada dado que lanzan irresponsablemente.

Víctor Maldonado
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