Editorial #662 – Cuando la historia se repite

Los tiranos se fortalecen con el silencio de algunos demócratas

En 2018, Nicaragua vivió jornadas de multitudinarias protestas que cambiaron el curso de su historia. Decenas de miles de manifestantes reclamaban por libertad y democracia, hastiados de la corrupción. El régimen, encabezado por el comandante sandinista Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, respondió con una sangrienta represión que dejó más de 300 muertos. 

Luego de estos hechos y sin haber logrado su objetivo, miles de nicaragüenses optaron por el exilio. Según las Naciones Unidas, en un país de 6,5 millones de habitantes, más de 100.000 se vieron forzados a huir a diferentes destinos como Costa Rica, Panamá, México e incluso Europa. 

La persecución no cesó. En las últimas semanas más de una decena de opositores fueron detenidos bajo la Ley 1055 -que faculta al régimen a detener a ciudadanos sin mostrar ninguna prueba- entre los que se encuentran cuatro precandidatos opositores para las elecciones presidenciales de noviembre. Estos se suman a más de un centenar de presos políticos y muchos otros nicaragüenses hostigados, como periodistas, activistas y cualquier voz crítica. 

Ortega no se conforma con perseguir a sus enemigos, también lo hace con quienes fueron sus amigos. Uno de ellos es el compositor Carlos Mejía Godoy, autor de canciones icónicas del sandinismo como “Nicaragua Nicaragüita” y el propio himno del Frente Sandinista, quien se encuentra en el exilio desde 2019 en Costa Rica y que acaba de pedirle a su viejo camarada de revolución, a quien ahora llama “tirano”, que “pare de matar”.

Algo similar sucedió en Cuba, donde los tiranos actuales se convirtieron en algo peor que lo dictadores que ayudaron a derrocar. Ortega lleva hoy más años en el poder que Anastasio Tachito Somoza y a su lado quedan muy pocos de los que lucharon junto a él.

Sin embargo, lo que ocurre en Nicaragua no debería sorprender a nadie. Es la hoja de ruta del Foro de Sao Paulo, perfectamente ejecutada en Cuba y Venezuela. Lo que sí sorprende es la complicidad, explícita o disimulada, de algunas democracias de la región. 

Ésta se evidenció la semana pasada en el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos, en el que se aprobó la resolución denominada “La Situación en Nicaragua” para exigirle a Ortega “la inmediata liberación de los precandidatos presidenciales y de todos los presos políticos”. De los 34 países miembros, 26 votaron a favor, tres en contra (Nicaragua, Bolivia y San Vicente y las Granadinas) y cinco se abstuvieron (Honduras, Belice, Dominica, México y Argentina).

Los tiranos se fortalecen con el silencio de algunos demócratas. Lo hemos visto en demasiadas ocasiones. Lo peor de todo es que la historia se repite y confirma que una tragedia solo puede ser peor cuando no es la primera vez que ocurre.  

Miguel Velarde
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