Los demócratas no nos quedamos quietos

Alumbrarse con velas. Ir con cántaros a buscar agua a los ríos o a manantiales o chorros. Bañarse con la lluvia o sacando agua de un cántaro para echarse agua con totuma.  Cocer los alimentos con leña. Escribir una carta sobre papel y mandarla en un sobre con estampillas. Caminar al poblado vecino. O ir en quitrín a visitar a un familiar. Lavar la ropa en el río y ponerla a secar al viento. Parir en casa con comadrona. Quitarse un pasmo con agüita de babandí. Quemar la basura en el patio y con el humo espantar la plaga. Morir por una epidemia.

Todas esas cosas suenan de novela romántica.  ¡Pero son del siglo pasado o del XIX! Estamos en 2021. ¿Se enteran? 

Estoy absolutamente segura que Venezuela tiene los peores servicios públicos del continente y más allá. Y eso no tiene ni una pizca de romanticismo. Pero que ni una ñinguita.

4 de agosto de 2021. Escribo en la penumbra. Son pasadas las 8 de la noche. Y ya me trepo por las paredes. Esta mañana Corpoelec cortó el suministro eléctrico desde las 7am hasta la 1pm. Seis horas. Y a las 6pm volvió a cortar, no tenemos ni idea de por cuántas horas. El «community manager de redes» de Corpoelec creo que tiene el reloj dañado, o puesto en horario de Reikiavik o Dakar, porque todos los anuncios tienen una diferencia de cuatro horas, que coincide con los husos horarios de esas ciudades. 

Y ayer fue igual. Tuve que cancelar una entrevista periodística. Cuando el corte de electricidad se prolonga, la conexión del celular se cae. En la zona, la gente deambula por la calle. Tienen oficio pero no lo pueden hacer porque muchos de esos trabajos de albañilería, comercio, preparación, requieren electricidad. Y no, la mayor parte de los ciudadanos y los comerciantes normales y corrientes no tenemos el billete para hacernos de una planta eléctrica. 

Venezuela, potencia petrolera, pero conseguir surtirse de gasolina es una proeza, un sufrir en colas. Gas, de eso tampoco hay. Agua, bueno, si hay suerte surten una vez por semana. La gente pasa por la indignidad de no poder asearse, lavar su ropa y oler a limpio.

Es decir, los venezolanos básicamente vivimos en la Venezuela del siglo XIX, obligados a ser la Venezuela heroica.

Y todo porque rompieron, escupieron, ultrajaron,  descosieron, estafaron, trajinaron, robaron, despilfarraron, botaron, despedazaron, aniquilaron, persiguieron, apresaron, desterraron. Es como en una película bizarra en la que según el guionista  Boves hubiera ganado, pues. 

Esta es la Venezuela roja, no del color de la pasión, roja color sangre. Y alguien cree que hay que quedarse quietos. Dejar tiempo al tiempo, esperando la llegada de algún día. Viendo llover. 

Basta de frases cursis. La tarea no nos la va a hacer nadie. Hay que militar en la democracia. Y los demócratas no nos quedamos quietos. No miramos el incendio desde la lejanía. 

Señores políticos de oposición de Nva. Esparta: hagan el favor de ponerse de acuerdo y tener candidaturas únicas. Hay que evitar que Dante Rivas y su corte de incompetentes ganen. Si no sirve como protector, es imposible que sirva como gobernador. Y lo mismo creo que aplica en todos los estados.

 Fin del comunicado.

Soledad Morillo
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