Te fuiste sin despedirte

A Carmen Cecilia Mayz

Pero bueno, Carmen, ¿qué es esto? ¿Cómo que te fuiste sin avisarme, sin despedirte? No discuto que, seguramente, desde allá arriba «El Barbudo» decidió que te necesitaba, que allá hay mucho por hacer, un bojote de cosas que acomodar y poner a punto. Y no me cabe la menor duda que te recibieron con aplausos de pie y con un coro de «¡Al fin llegaste!». Pero, caray, Carmen, que yo no sé qué hacer ahora. Dime tú a quién voy a preguntarle a cualquier hora las cosas que necesito saber. Dime tú con quién ahora  hago yo ping pong de ideas, con quién me bato y rebato tantas propuestas. 

En fin, ya lo sé. Que fueron muchos los años que le echaste pichón a eso de «hacer país». Y que ahora vas a hacer «upgrade» del cielo. Bien. Pero me hubiera gustado que me avisaras, aunque sólo fuera para yo preparar mi listica de preguntas y peticiones. Y también la actualización de novedades. Así que, pues, que no me queda de otra que escribírtelas.

Fuimos a desayunar donde Moya. Las arepas, por supuesto, de muerta lenta y sin apuro. El jugo de parchita, un poema. Y el café marroncito, espumoso. Una delicia, pues. 

Ya viene el mes de la Virgen del Valle, así que aquí todo en preparación. Habrá, como todos los años, flores en los portales de las casas y la imagen de la virgen bella como bendiciéndonos a todos. Y mira que lo necesitamos.

Dile por favor a Dios padre, a Cristo Bendito y al mismísimo Espíritu Santo que necesitamos que nos echen una mano. Que todavía cuesta que entiendan algunos que tienen que ponerse de acuerdo, estacionar las pretensiones inútiles y mostrar una cara única y unitaria. Porque si no, no vamos pal baile. 

Mira, Carmen, la cosa es así: me vas a hacer mucha falta. Y me voy a acordar de nuestras muchas conversas, de tantos ataques de risa y de las no sé cuántas horas armando planes para este país. Entonces, como allá arriba te imagino muy poderosa y bien plantada, pues consigue la manera de comunicarte conmigo. Procura que sea en idioma terrenal, no de ángel, que ni lo hablo ni lo entiendo.

Entretanto, brindo por ti, por tu vida bien vivida. Mucha gente ya te extraña.  Nos costará acostumbrarnos. 

Soledad Morillo
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