Música romántica del futuro

Venimos de la época de “Dos gardenias para ti” para terminar en la época de “Dos gardenias te metí”. Y que, si la canta Bad Bunny, ya sabemos por dónde las metió.
¿Pero cómo llegamos hasta aquí? Creo que se trata de todo un viaje de décadas en donde pasamos de letras que eran etéreas y externas al cuerpo humano, para terminar en letras que ya parecen una clase de urología.
Todo empezó por algo tan romántico y poético como el bolero. En donde lo más explícito y sexual era precisamente su nombre: bolero. Un género en donde la única misión era que se parara una sola cosa… el reloj que marcaba las horas.
Luego pasamos a la balada romántica, en cuyas letras encontrabas insinuaciones eróticas únicamente si le buscabas la quinta pata al gato… o la tercera bola al perro. Así encontramos canciones como Será, de Ricardo Montaner, que quizás estuvo dedicada a un hombre que sufrió de disfunción eréctil y necesitaba excusarse:
“Será…
que aún no se llenaba la luna.
Será…
que el tiempo fue menguando nuestras ganas”.
Después llegó la salsa erótica. Una época en donde los cantantes volaban entre sábanas blancas o visitaban “¡Aquel viejo moteeel!”. Letras muy sugerentes que a veces idealizaban demasiado el acto carnal. Porque estemos claros: ese acto entre sábanas blancas la mayoría de las veces se da entre sábanas “cuatro tigres”. Y cuando no hay plata para ir a “¡Aquel viejo moteeel!”, la cosa termina en… “¡El baño de tu eeex!”.
Aunque luego llegó ese eslabón que marcó la evolución: el tema “Hagamos el amor con la ropa”. El último método anticonceptivo antes de que llegara ese género que siempre nos hace pensar que estamos acostados, pero en la camilla de un examen de próstata: el reguetón.
Por eso es que uno se hace la pregunta de qué vendrá después. Pues de mantenerse esta tendencia de acercarnos cada vez más a los genitales, quizás terminemos con un género musical llamado Espermatón, Glandembow o Vulbalada.
Un estilo que estará tan inmerso en nuestras partes íntimas, que quizás tenga dúos cantando letras así:
Ella:
Estoy en esos días
que boto feromonas.
Mi cuerpo pide crías
de tu testosterona.
Él:
Al fin llegó tu chance.
Despierto al buen mozo
inyectándole sangre
al cuerpo cavernoso.
Ella:
Me tienes bien caliente.
Vente, papi chulo,
insemíname de frente
y duro porque ovulo.
Él:
Aquí te espero en cueros
en un colchón muy fino.
Que quiero ver por dentro
tu cuello uterino.
Ella:
Dale y llega hondo
en este acto impropio.
Te esperan en el fondo
mis trompas de Falopio.
Él:
Ahora pondré el sello
de mis actos carnales
atascando un vello
en mis cuerdas vocales.
Ella:
El que se cansa pierde.
No tengo menstruación.
Ya tienes mi luz verde
pa’ la fecundación.
Él:
Mira, como un androide,
te doy la precaución:
mis espermatozoides
rebotan del condón. Una época en donde las letras románticas serán tan, pero tan científicas y rebuscadas, que quizás terminen causándonos ese placer orgásmico con el que muchos soñamos: que al fin baje la sobrepoblación del planeta
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