Maniqueísmo en la red

Un paseo  por las redes sociales muestra todo tipo de  información, que incluye la falsa y tal vez también, la verdadera; la duda viene por lo difícil y escurridiza que puede ser la verdad,  tan es así que en un esfuerzo por asegurar su posesión, se ha acuñado la curiosa frase “verdad verdadera”. 

Los abogados procesalistas, es decir, los especialistas en resolver los pleitos en tribunales, afirman que la verdad de los hechos es una sola y debe salir a relucir con las buenas pruebas y los mejores argumentos. Por su parte, la Ciencia se apoya en la provisionalidad de la verdad, lo que significa que el resultado obtenido en un experimento, se tiene por cierto hasta que se realice un nuevo trabajo con mejores condiciones que lleven a una conclusión diferente, pero igualmente provisional.

Muchos profesionales provenientes de distintas áreas del conocimiento, pasan a formar parte de ese grupo conocido como “influencers”, cuya opinión sobre cualquier tema suele ser  relevante para la gente; en razón de ese conocimiento y del prestigio ganado, ellos se convierten en autoridades, pues sus afirmaciones se pueden llegar a tomar como verdades irrefutables. También algunos  “influencers” quedan envueltos en este convencimiento de poseer la verdad, mostrándose intolerantes ante las opiniones contrarias.

Puede ser difícil encontrar pareceres intermedios o personas dispuestas al menos, a un examen momentáneo de ideas contrarias a las suyas; así, el espectro de criterios queda reducido a bueno y malo,  blanco y negro o amigo y enemigo, configurándose una interpretación maniquea de la realidad. Se producen encendidos debates entre los defensores de una postura y su contraria, se utiliza todo tipo de argumentos, incluyendo los falsos que se enfocan en atacar a las personas en vez de analizar la veracidad o la lógica de las ideas discutidas. En estas polémicas también pueden estar presentes los llamados  “Bots” o cuentas falsas, creados con el objetivo de generar o contrarrestar opiniones negativas. 

 ¿Qué lleva a las personas a la adopción de posturas maniqueas?

El psicoanalista Rómulo Lander señala que en razón de carencias afectivas sufridas durante la infancia, se  producen detenciones y fijaciones en el desarrollo de la personalidad y aunque el sujeto sigue creciendo corporalmente, queda detenido en un tipo de funcionamiento mental que le impide aceptar las diferencias de los otros por sentirlas como una amenaza para él; así aparece la intolerancia en cualquiera de sus manifestaciones, que pueden además, ser usadas desde el punto de vista político o religioso, llegando a  extremos como el exterminio de quienes son o piensan diferente.

El intolerante muchas veces ni siquiera está consciente de que lo es y sin duda  sufre, aunque no parezca así, pues su limitación para percibir y aceptar el mundo,  lo sitúa en una perspectiva distorsionada que le causa rabia y angustia a él y evidentemente,  a los destinatarios de su fanatismo, especialmente cuando la intolerancia pasa al terreno de la acción. 

Sin embargo, siempre hay oportunidad de cambio, de crecimiento mental; aunque la  personalidad difícilmente puede modificarse, hay formas de evolucionar desde el punto de vista psíquico. Una de ellas es la terapia que aumenta el conocimiento de sí mismo, mediante la reflexión y la introspección, con la consiguiente  comprensión y aceptación de todas las características psíquicas que se tienen. Pero esto implica un trabajo que no todos están en posición de realizar, por diferentes razones. 

También se sabe que viajando, se conocen otras culturas y formas de vida, lo que enriquece y amplía la visión del mundo, por la interacción y la experiencia, pero si no se está abierto al aprendizaje, no sirve de mucho. Más sencilla puede resultar la lectura, aunque también tiene sus dificultades y resistencias por cuestiones de hábitos. 

Tener la capacidad de escuchar al otro y sus razones, es un signo de flexibilidad, de apertura y desarrollo mental que a su vez propicia la continuación del  crecimiento, pues se examinan nuevas ideas, que pueden terminar aceptándose o no, pero que abren la posibilidad de adoptar nuevos enfoques, con el consecuente progreso.

En todo caso, quedan las palabras de Rómulo Lander: “Nada está concluido, ni cerrado, ya que todo está en constante evolución.”

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