Tu propio infierno mental

Hace algunos días, un objeto muy preciado que me regaló una amiga muy cercana sufrió un accidente. A causa del viento cayó al suelo y se partió en 4 pedazos. Inmediatamente, mi madre me dijo que lo botara, que no era bueno tener cosas rotas en la casa “porque atraían malas vibraciones”. A continuación, acomodé los cuatro pedazos en una bolsa y ya me disponía a salir cuando recordé una vieja práctica japonesa muy interesante (1). 

Desde hace muchas décadas y aún en la actualidad con toda la revolución comercial que ha vivido Japón, se practica una peculiar técnica cuando tienen un jarrón, taza o plato roto. A diferencia de occidente, no es considerado “pavoso” acomodar el objeto. Sin embargo, no se limitan solamente a pegar sus piezas, sino a exaltar las grietas que lo componen y a exhibirlo con orgullo dentro de las casas. 

Rellenan las grietas con mezclas de plata, oro o metales brillantes para que estas se vean más gruesas y el objeto sea más difícil de romper una segunda vez. Y es que detrás de esta práctica hay una filosofía que exalta algunos puntos importantes. El primero es el hecho de que no somos perfectos y que son precisamente los golpes recibidos que nos han “quebrado” los que nos hacen únicos en esta travesía llamada vida. 

En segundo lugar, las relaciones humanas y los objetos en general no deben ser desechados por algunas grietas en el camino. Todo lo contrario, son estas grietas las que hacen que las relaciones sean especiales y puedan diferenciarse una de otras, son los aprendizajes que vinimos a tener. Por último, al acomodar las grietas con esta mezcla de metal y pega, el objeto es muy difícil de romper nuevamente, con lo cual se concluye que lo que una vez nos rompió, no podrá rompernos de nuevo de la misma forma, puesto que es una lección aprendida. 

Después de analizar esto,  procedí a acomodar el objeto tan preciado que me dio esta amiga, con la cual he pasado momentos increíbles desde que la conozco hace aproximadamente unos 11 años. También recordé momentos en los cuales me ha herido profundamente, pero nuestra relación continua hacia adelante con todas sus imperfecciones de por medio. 

Y es que en la actualidad, con todo el bombardeo que tenemos en la redes sociales, lo que queremos en una vida permanentemente perfecta y feliz. Los libros de autoayuda nos señalan que debemos pensar que “todo está bien” a diario para “no atraer cosas malas” en nuestra vida. Sin embargo, por muy positivos que seamos, a veces las ocasiones de lucha son inminentes, y no todo es perfecto todo el tiempo. 

La mayoría de personas que conozco, buscan permanentemente la perfección en todos sus ámbitos. Incluso yo he estado en la misma situación, obviamente, puesto que pertenezco a esta generación. Relaciones perfectas que no existen, trabajos que son perfectos y que tampoco los conseguirán, hogares perfectos en ubicaciones perfectas, en países perfectos y salud  perfecta. Esta intensa búsqueda lo único que genera es la frustración permanente. 

¿Esto significa acaso que debemos conformarnos con lo que no nos satisface en nuestra vida? ¿Rodearnos de objetos agrietados y no renovarnos nunca?  De ninguna manera. Hay que luchar cada día por estar tranquilos, poder trabajar en lo que nos gusta, tener una pareja que nos dé más felicidad que tristeza a lo largo del día, poder comer lo que nos hace bien a nuestra salud y entretenernos, así como descubrir los placeres de la vida. Pero todo con un correcto equilibrio, aplicando la ley del péndulo, descrita en el famoso libro “El Kibalión”(2).

La búsqueda permanente de toda esta  perfección nos coloca en una situación de estrés excesivo, y seremos de todo, menos felices. La comparación constante con las vidas supuestamente perfectas que proyectan nuestros contactos en las redes sociales nos hace sentir inferiores en todo momento. El hecho de que algo no tenga la perfección requerida o no cumpla con determinados estándares ya nos causa angustia y nos hace perder el sentido ¿Por qué?

¿Acaso vinimos a esta vida a ser perfectos? Creo que de ser así, no hubiéramos elegido este plano para superar nuestra alma. Por consiguiente, antes de desechar un objeto, una relación, un lugar, un trabajo o lo que sea, revisa bien la causa y si las grietas son parte de un proceso de aprendizaje al cual te estás negando. Puesto que si saltas de un sitio a otro evadiéndote toda tu vida, pretendiendo que todo sea perfecto el 100% del tiempo, te habrás creado tu propio infierno mental.  

 

  • Kintsugi, técnica japonesa ancestral para acomodar objetos. 
  • El Kibalión, libro de sabiduría hermética (Hermes Trimegisto), sabio Egipcio que habla acerca de los principios vitales que rigen el universo. 

 

Paola Sandoval

Paola Sandoval

Diseñadora Ilustradora y Músico (percusión y piano).
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