Sin tesis

Sin Tesis

Venezuela está quebrada. Todos los sistemas colapsan. Ya no hay ni tiempo ni recursos para tomar medidas. El desenlace llegó. Esto lo saben muchos individuos que lo han perdido todo, hasta la vida, pero está por averiguarlo toda la sociedad venezolana que, en gran parte, es cómplice de la hecatombe. Que Dios se apiade.

Regiones enteras a oscuras. Sin electricidad, la carne se pudre. La leche no. El stock de repuestos despojado. Sin filtros, arandelas, estoperas, las máquinas se recalientan y sucumben. Los frenos chillan hasta que dejan de frenar. Lo único que está al día son los equipos antimotines. Hay muchas balas con muchos nombres. En Chacao no cesan los obreros construyendo edificios verdes de verdes lavados. Casi terminan la casa de la hija de Chávez. Estos si tienen cabillas, cemento y pagan bien.

El chavismo no solamente dilapidó el dinero de la nación sino que, nos ha endeudado a niveles que no conseguiremos solventar en un siglo. Todo por y para perpetuarse en el poder. Adicción suprema. Si alguna vez hubo un pueblo, una generación que se sacrificó por el bienestar de sus hijos y sus nietos, esta no lo es. Y se prolonga la espiral autodestructiva del tóxico acostumbramiento dándole otro último aliento a las mentiras y negaciones.

Por generaciones nos habituamos a escuchar que habitamos un país rico. Académicos y arribistas lo reiteraban. Si éramos ricos, las riquezas estaban mal distribuidas. Los hijos de este país se merecían una parte del botín. Nadie vislumbraba que la prosperidad podía originarse del trabajo, la inventiva y la constancia. Suerte. Mal distribuido. Al contrario. Insistían. La pestilencia mental atrae moscas portadoras de más demagogia y silogismo malparidos. No Mentirás. Los ricos eran por ilación políticos ladrones y los políticos ladrones prometían corregir esta discrepancia. Si no tenemos, es porque NO nos han dado lo nuestro. Nos han quitado lo nuestro. Nos han robado. Lo nuestro. Esta caustica ideología clientelar y parasitaria llega al pináculo con Chávez. Está plasmada en la Constitución bolichavista, hecha a la medida del déspota militarista-socialista. Pela los dientes. Cuando el militar se jactaba que—los venezolanos nos hicimos conscientes de nuestros derechos gracias a él y a su Magna Fosa, se refiere a eso. Todo venezolano merece. Punto. A cambio de nada. Derecho vuelto constitucional—a tener sin hacer esfuerzo alguno. Simplemente por ser venezolano.

¿De dónde viene la leche?— el adulto le pregunta al niño. Responde, –de la nevera.  En su concepción infantil, el niño tiene razón. Quien corrija al niño diciendo que—la leche viene de la vaca, está tan desacertado como el niño, (a menos que esa vaca esté en el patio trasero). La vaca es, si acaso, el engranaje más importante que le permite al niño tener leche en la nevera. Y no sé si los niños entienden todavía. Efecto mariposa. Perturbar alguno de los muchos y complejos engranajes sociales, económicos, institucionales, hasta dialecticos, es poner en peligro, un sistema complejo que pone leche en la nevera. En todas las neveras. Es como el balance de la naturaleza, tiende a auto repararse, a compensar el daño. Pero hay un punto en el que el sistema colapsa.

No hay leche. No hay vacas. No hay fincas. No hay electricidad. No hay repuestos para el motor de la nevera. Larga duración. Los caminos están bombardeados. Importa. Algunos camiones todavía funcionan. Los choferes vueltos Cooperativas Socialistas dicen que pierden dinero con el viaje. No hay leche en la nevera. Culpa de la vaca.

El hombre más rico del país, dice el mismo niño, es el poseedor de la máquina que hace billetes. El niño está equivoca pero tiene razón. La moneda venezolana colapsó cuando ya estaba colapsada. El patético ejemplo de lo que fue el “bolívar fuerte” de Chávez demuestra que todos deseamos ilusiones, mentiras y promesas porque, definitivamente, el abandono de la realidad produce un efecto cierto, calmante, despierta nuestra mente infantil. Se llama—negación. Llevamos decenios vegetando en negación pero con la vuelta del milenio esa perturbación mental, característica del subdesarrollo, se volvió endémica, dramática e irrecuperable. A menudo dejar de ver la aguja del tanque de combustible en el fondo pareciera que te da unos cuantos kilómetros más. La negación es un poderoso analgésico que te permite sofocar el dolor del tumor. Pero no te lo cura. Cada día estás más enfermo.

Y lo peor es que los trogloditas militares y los feroces criminales que siguen a la cabeza del Estado insisten (incluso en este momento), que sus políticas económicas invariablemente fueron las correctas, solo que no eran o son lo suficientemente restrictivas y severas para detener a los especuladores, los acaparadores, y los agentes de la guerra económica.

Los  “controles de precios” o “precios justos”, en efecto, hicieron bajar los precios. Sabemos que la paciencia y estoicismo de tantos mártires no sirvió de nada. Fueron los empresarios, productores, distribuidores y los comerciantes quienes asumieron los golpes y las peores pérdidas económicas—quizá, también, por acostumbrarse a aceptar lo inaceptable y por querer creer lo increíble, (..que esto mejoraría, se gana una y se pierde una.. que se podía balancear, negociar….) hasta que uno a uno, no pudieron seguir negando la realidad.

Hoy en todo el territorio nacional no hay propiedad que haya aumentado o siquiera  mantenido el valor que tenía cuando se impuso este experimento revolucionario en 1999… (con la excepción del oro—y apenas tenemos una idea perimetral de los niveles de barbarie a los que ese metal puede llevar a los amos de estas tierras). Hoy no hay empresa o banco en el mundo que invertiría un dólar por algún patrimonio venezolano. Hoy. Si liquidáramos todos los activos de PDVSA en el exterior, por ser lo que somos, no nos darían ni una quinta parte de lo que valen. Hoy el ingreso diario de un profesor universitario no le alcanza ni para almorzar en la Universidad en la que da clases. Hoy. Han pasado 17 años y el joven está terminado el bachillerato. El abuelo, que depositó todos sus ahorros para ayudar con la educación superior de su nieto, saca sus ahorros del banco. No le alcanzaría ni para pagar el pasaje aéreo.

Sería difícil conseguir en la historia una provincia, ciudad o nación del mundo que haya soportado tan sumisamente una devastación tan absoluta de los ingresos de la población, de sus ahorros, de su patrimonio, el saqueo de sus tesoros, el despojo de sus legados y la imposición de una ideología ajena, perversa y fracasada. ¿De qué material tan blando y moldeable estamos hechos?

 

Jorge Olavarría
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