Montaña rusa emocional

Los venezolanos en estos tiempos actuales nos sentimos como si estuviésemos sobre una montaña rusa, llena de altos y bajos que afectan en definitiva las emociones y el estado de ánimo de todos los que aquí habitamos.

La situación del país cada día está más y más caótica. La hiperinflación no cesa de causar efectos nocivos en todos los estratos sociales. La situación política no tiende a mejorar, por el contrario cada día empeora más. El Covid-19 está causando estragos insospechados en la población venezolana, que no podemos calcular por la poca credibilidad que existe en la información oficial. Todos estos aspectos hacen que nos sintamos en una montaña rusa emocional.

En cuanto a la política nacional, vimos como recientemente fueron designados los Rectores de un nuevo Consejo Nacional Electoral, a espaldas de lo estipulado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en la Ley Orgánica de Procesos Electorales.

Esto ha causada la indignación de un fuerte sector de la población, y en otro gran sector, ya se muestra la apatía en participar en un proceso electoral arbitrado por los nuevos miembros del órgano electoral.

Situaciones como esta causan que las emociones cambien constantemente, y es que mantener la alegría y sobre todo la esperanza en que llegue un cambio en positivo en el país es difícil, más aún cuando los políticos de los sectores de oposición no ofrecen alternativas reales de cambio más allá del discurso y la retórica que los caracteriza.

Confiar en el sector político opositor en los tiempos actuales es difícil. Vemos que la pugna por el poder dentro de las esferas internas de los partidos políticos que hacen vida en la oposición es ardua y encarnizada.

Partidos minoritarias sin representación significativa dentro del parlamento nacional se abrogan la representación de todo el conglomerado opositor y se sientan a dialogar condiciones electorales favorables para la renovación de la Asamblea Nacional, sin que desde los partidos mayoritarios de la oposición se pueda ejercer una acción concreta que anule definitivamente las pretensiones de ese grupo minoritario.

Quizás el desánimo en la población es lo que busque en definitiva los actores políticos que pertenecen al gobierno nacional y por su puesto los grupos minoritarios dentro de la llamada oposición venezolana. Ese sentimiento negativo quizás en el fututo cercano se vea traducido en una victoria electoral, que no significa una ganancia real, pero que afectaría enormemente la moral del venezolano de a pie.

Aunado a eso, enfrentamos una pandemia que ha afectado millones de vida y que ha cambiado por completo al mundo. Hacemos frente al virus sin los recursos económicos suficientes que nos permita estar en una situación de bienestar, y con el peor sistema de salud público del hemisferio, incluso peor que el de Haití. Además, la falta de confiabilidad en las estadísticas sanitarias mostradas por los encargados de la política nacional hace aún más difícil la situación.

Como corolario de la caótica situación el confinamiento ha hecho mucho daño en la economía nacional, así como en el estado emocional de los venezolanos, y es que no estamos acostumbrados a estar encerrados por largos periodos de tiempo, eso no forma parte de la idiosincrasia nacional. El venezolano esta acostumbra a salir diariamente a las calles a trabajar, a buscar el sustento para intentar vivir una vida decorosa, y la gran mayoría no quiere vivir de dadivas ofrecidas como mecanismos de control poblacional, al contrario la inmensa mayoría quiere que el salario obtenido con esfuerzo y dedicación alcance para cubrir sus necesidades básicas y las de su familia.

Los planes de flexibilización 5 x 10 o 7 x 7, o el nombre que le den, en nada aportan al normal desenvolvimiento de las actividades laborales y comerciales, por el contrario afectan la ya maltrecha economía nacional.

Todas estas situaciones hacen que el estado emocional de los venezolanos cambie y este en constante fluctuación. ¿Cuál es la solución a estos problemas? ¿Migrar? ¿Enfrentarse a la xenofobia contra los venezolanos que ha surgido en otras latitudes? ¿Hacer una nueva vida fuera de las fronteras patrias? Muchos venezolanos han tomado el camino de la migración, han hecho vida en otros países, han sido afortunados en que esas naciones les han ofrecido oportunidades de crecimiento pleno para sí mismos y su núcleo familiar, a todos ellos vaya mi más sincera felicitaciones porque enaltecen el nombre de nuestro país en territorios extranjeros alejados de nuestra amada idiosincrasia.

Otros por el contrario no han corrido con tal suerte o no han realizado los esfuerzos necesarios para adaptarse a una nueva vida alejada de las costumbres nacionales. Han tenido que retornar al país, algunos con sentimiento de derrota, otros con optimismo pleno en que las cosas ocurren por algo y que tan solo es un bache en el camino.

Algunos nos mantenemos con la férrea idea de que la situación en el país mejorara y que no hace falta realizar planes migratorios para alejarnos de esta cruda realidad. Muchos nos mantenemos con esperanza de que pronto el estado de bienestar en el que todos los venezolanos sin distingo alguno debemos estar, llegará el día menos esperado.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos para enfrentar todos estos aspectos negativos que nos ha tocado enfrentar? Solamente tener fe en que todo mejorará. Necesitamos tener un atisbo de esperanza para no caer en las profundidades y oscuridades que traen consigo el mal de la depresión. Necesitamos de los verdaderos líderes de oposición que materialicen al menos uno de las promesas realizadas. Necesitamos que nos hablen con claridad para saber a qué nos vamos a enfrentar. Necesitamos sentir que la esperanza perdida se renueva con vigor y con fuerza con vientos frescos de cambios.

Sigamos hacia adelante y no permitamos que las situaciones caóticas dañen de forma irreparable la moral ciudadana. Salgamos de la montaña rusa emocional. Y tengamos muy presentes estas frases del saber popular “al mal tiempo buena cara” “no hay mal que dure cien años” y “Dios aprieta pero no ahorca”.

Alonso Macias
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