Sin Descanso

Los venezolanos, en los últimos tiempos, con la crisis de los servicios públicos y con la escasez de gasolina no tenemos descanso.

Aunados a esos problemas de la vida diaria, se le suman la imposibilidad material de poder adquirir todos los productos de la canasta básica por no contar con un salario suficiente que cubra las necesidades básicas, y también, con la eterna diatriba política entre el gobierno y la oposición que no llega a ningún lado y que no aporta soluciones efectivas a la grave situación que vivimos diariamente.

Desde hace más de un año el sistema eléctrico ha sido un completo caos. Los racionamientos eléctricos en lugar de disminuir han sido intensificados. Pasamos de tener tres horas diarias sin luz a seis y ocho horas de corte eléctrico. Lo peor de todo es que ningún vocero oficial informa sobre el estado real del sistema eléctrico, no hay rendición de cuentas, no vemos avances efectivos que nos lleve en el corto plazo a tener calidad de vida que nos permita desarrollar nuestras actividades con normalidad sin tener la incertidumbre sobre cuándo y cuánto tiempo se nos ira la luz en nuestra comunidad, esa situación es como tener siempre la espada de Damocles encima de nuestras cabezas. Hemos llegado al punto de alegrarnos porque en un día no nos racionan el servicio eléctrico, o como coloquialmente decimos “gracias a Dios hoy no nos dieron dosis de patria”, ¡Qué situación tan anómala! Lo normal en cualquier parte del mundo es contar con servicio eléctrico las 24 horas del día.

Se le suma a la crisis eléctrica el grave problema del agua. Nos ha tocado estar semanas enteras sin el vital líquido, nos ha tocado escuchar a voceros estadales diciendo que: “estamos trabajando en beneficio de la comunidad, pedimos disculpas por las molestias ocasionadas”, como si con pronunciar esa frase pre elaborada llegase el agua a las tuberías de nuestros hogares, pero el venezolano resuelve, y efectivamente nos hemos acostumbrado a eso, a resolver por nuestra propia cuenta situaciones que los órganos públicos deben solventar y garantizar. Nos ha tocado ir en busca del vital liquida, y llenar cuanto tobo, pipote, perol o perolito para que en nuestros hogares no nos falte el agua.

Desde hace un tiempo para acá, a esa nefasta ecuación se le adiciona la falta de gas doméstico. El no contar con gas imposibilita que podamos cocinar nuestros alimentos, y que para hacerlo recurramos a otros métodos, por ejemplo las hornillas eléctricas y en algunos casos extremos, pero lastimosamente muy comunes, haciendo fogones con leña. En estos tiempos de pandemia mundial el cocinar a leña no es nada recomendable porque afecta gravemente las vías respiratorias, sin embargo, muchos venezolanos han recurrido a este mecanismo para cocinar sus alimentos. Ante la ausencia de gas y del servicio eléctrico que nos impide utilizar cocinas eléctricas, esa ha sido la solución efímera y nada recomendable que ha adoptado el venezolano. Como añadido tenemos que en este punto tampoco hay una respuesta gubernamental eficiente y efectiva que permita tener un poco de tranquilidad sobre la solución a este problema de servicio público.

Desde marzo del 2020, la escases de combustible ha afectado enormemente la movilidad del venezolano. El no tener gasolina afecta todos los estratos de la vida social de un país, por cuanto, hay imposibilidad de trasladarse, de movilizar alimentos y medicinas entre sitios distantes, poder visitar a algún familiar que habite en un sitio lejano, hacer diligencias de la vida diaria, entre tantos aspectos que sería enorme mencionar. Sumado a esto el elevado costo en moneda extranjera del combustible ha llevado a que se busque la economía y se hagan eternas e interminables colas en estaciones de servicio con precios subsidiados. Otro problema que trae la falta de combustible es que en aquellas estaciones donde llega la gasolina, la viveza criolla entra en acción, queriendo personas que tienen acceso a ese líquido obtener algún beneficio económico personal, es decir, el bachaqueo de la gasolina llegó ¿para quedarse? Esperamos que no.

Como corolario de esta terrible situación se agregan dos problemas más. La pérdida del poder adquisitivo por no contar con un salario suficiente, lo cual ha motivado al venezolano a diversificar su economía de la forma más creativa posible que tenga a la mano. Luego, la diatriba política, los dimes y diretes entre los personeros del gobierno y la oposición; la creación de instituciones paralelas del estado que nada ayudan a la estabilidad política, social y económica del país; la evidente ansia de poder reinante entre los factores políticos del país; el nombramiento de autoridades sin cumplir los mecanismos constitucionales que conlleven a generar confianza en esos órganos; el empeño en acudir a una cita electoral que no resolverá los problemas de servicios públicos que afronta diariamente a los venezolanos, y como estos problemas, muchos más que trae la política venezolana que realmente agobian y que no aportan soluciones en nada a la solución de la crisis de los servicios públicos.

Todos estos problemas hacen que vivir en Venezuela en estos tiempos sea completamente agobiante y frustrante. Necesitamos soluciones efectivas que nos lleven a tener un descanso, que nos lleve a tener un respiro, que nos lleve a tener tranquilidad y paz, y poder tener al menos unos días de desasosiego pleno que nos permita tener, al menos por un instante, la tan ansiada calidad de vida que perdimos, que tanto añoramos y que nunca más hemos logrado recuperar.

Alonso Macias
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