La Fiesta del Rey Momo

Carnaval es sinónimo de alegría, disfraces y bailes. Como la mayoría de las festividades el carnaval tiene un origen pagano, algunos historiadores afirman que provienen de las fiestas en honor al Dios Romano del vino, Baco. Otros aseveran que es mucho más antigua remontándose al Egipto de hace más de 5000 años atrás.

La festividad prontamente se expandió por Europa, luego fue llevada a territorio americano por los navegantes españoles y portugueses durante el siglo XV, hasta llegar a ser lo que hoy en día conocemos.

Uno de los personajes más característicos de estas festividades es el Rey Momo, quien tiene su origen en el Dios Griego de los escritores y poetas, Momo, el cual representaba al sarcasmo y las burlas.

El Rey Momo es un personaje imprescindible en los carnavales celebrados en la ciudad de Rio de Janeiro, Brasil, en los de Barranquilla, Colombia, y los realizados en Veracruz, México. Es personificado como un rey bufón quien tiene la tarea de presidir el carnaval durante las majestuosas comparsas que se realizan en las calles de esas ciudades.

En el carnaval de Rio de Janeiro, se ha convertido en una tradición el nombrar a un hombre alto y gordo para representar a ese personaje, en cambio, en Barranquilla se elige a un hombre mayor que se encuentre ligado con otra festividad tradicional de la nación colombiana.              

En Venezuela, en otros tiempos, esa alegría típica del carnaval se sentía en las calles, se veía a los niños jugar disfrazados de los más diversos personajes, pero todo eso fue decayendo con la llegada del llamado socialismo del siglo XXI.

Recordar esos carnavales es revivir un poco parte de nuestra historia republicana. El bulevar de Sabana Grande en Caracas se llenaba de personas que transitaban con sus niños y niñas disfrazados arrojando papelillo y serpentina a lo largo y ancho del bulevar. Las avenidas caraqueñas veían transitar el desfile de carrozas elaboradas en su gran mayoría por instituciones públicas. El arte en sus más diversas representaciones era el absoluto dueño de la festividad.

No solamente la capital venezolana celebraba el carnaval, la festividad con el pasar de los años se arraigó fuertemente en muchas otras ciudades tales como Carúpano, Cumana, Maturín, Puerto Cabello, Barquisimeto, Coro, Mérida y El Callao.

Muchas familias venezolanas preferían tomar esa festividad carnestolenda para hacer turismo interno acudiendo a la playa o la montaña. Eran días de descanso, eran días en donde la agitada vida laboral desaparecía por completo.

Los juegos durante el carnaval también era una tradición que data desde los tiempos de la conquista. El jugar lanzándose agua le daba vida a la festividad, niños y adultos por igual disfrutaban con esos juegos, también se hizo común el jugar estrellando huevos en la cabeza de otros.

Sin embargo, con la llegada del socialismo del siglo XXI y con el aumento indiscriminado de la hiperinflación todas esas tradiciones se han ido paulatinamente perdiendo en la Venezuela de estos tiempos.

El jugar con agua o huevos es imposible actualmente, ¿la razón?, la grave escasez del vital líquido que se presenta en la gran mayoría de las comunidades del país que hace que sea absurdo desperdiciar la poca agua que se tenga reservada en juegos carnavalescos, y también, por el alto costo de los huevos, situación está que limita a que los más pequeños de la casa puedan utilizar ese alimento para un disfrute infantil.

El salir de viaje para hacer turismo interno en estos tiempos de hiperinflación agravada sólo es posible para aquellos venezolanos que perciben un salario muy por encima del mínimo decretado por el Ejecutivo Nacional. En este aspecto varias son las situaciones que afectan ese disfrute en familia, el primero, la escasez de combustible y el alto costo en moneda extranjera que implica llenar un tanque de gasolina; el segundo, los elevados precios de las habitaciones de hoteles y posadas; y el tercero pero no menos importante vinculado con los exagerados costos de los alimentos preparados.

La festividad del carnaval en tiempos de hiperinflación quizás se vea limitada a ver transitar las comparsas en alguna avenida de la ciudad, pero, ese disfrute tampoco es posible, ¿por qué?, simplemente porque las instituciones públicas no cuentan con presupuesto para hacer alarde de actividades artísticas que desarrollen una temática carnavalesca. Las empresas privadas tampoco cuentan con el capital suficiente para cubrir los costos que implican la elaboración de las carrozas, situaciones que generan que esa tradición se vaya perdiendo mientras persiste la grave crisis económica en el país.

En la actualidad de las tradiciones carnavalescas sólo pervive la utilización de los disfraces que usan los niños y niñas, es algo que aún nos recuerda a aquella Venezuela bonita de antaño.

Alonso Macias
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