La pesadilla de la rutina

Cuando vivimos situaciones repetidas, estas se transforman en un hábito y terminamos acostumbrándonos a ellas pasando a formar parte de nuestra zona cómoda, conocida, de confort, independientemente de que esas situaciones sean positivas o no para la persona, tal cual la parábola de la rana que al ser sometida a una olla de agua a la cual se le va subiendo progresivamente la temperatura terminará muriendo porque no notó un cambio abrupto que le permitirá reaccionar a tiempo.

Así pasa con la relación de pareja y los años cuando se acostumbran al agua tibia sin darse cuenta que va calentándose y un día sucede al otro casi en automático, las expresiones de afecto que abundaban en los primeros años pueden quedar opacadas por la rutina de las actividades diarias, las conversaciones profundas y las miradas enamoradas pueden transformarse en atención a programas, series o al celular que siempre solemos tener a la mano.

Incluso la actividad sexual puede transformarse en esa película que ya vimos muchas veces, tantas que sabemos donde ocurren las escenas, como se inician, se desarrollan y culminan muchas veces inclusive con un final que termina en un simple dormir sin ese post que antes estaba presente.

Un buen día nos damos cuenta que esa cama que significaba tanto se transforma en un espacio para ver TV o para revisar el celular ignorando a quien tenemos al lado, o descubrimos que empezamos el día prácticamente sin un abrazo o una frase amorosa porque vamos apurados para el trabajo.

Desde esta rutina es muy fácil caer en la indiferencia a la pareja, envueltos por nuestras ocupaciones terminamos dando el amor por sentado sin hacer ningún esfuerzo como otrora ocurría de conquistar a nuestra pareja, ¡Total! Ya la conquistamos ¿Para qué más?

Las preocupaciones económicas, los conflictos en la oficina o el cansancio, el tráfico, las ocupaciones con los niños, entre otros aspectos parecieran apoderarse de la vida dejando de lado el romanticismo en la relación como si ya no hubiera tiempo para ella. Y ni hablar de la conocida confianza que puede llevarnos a descargar en el otro las tensiones, el mal humor o las preocupaciones del día a día, y es así como una relación que fue hermosa queda contaminada, tanto que dejamos de vivir desde el amor para sobrevivir como pareja.

 “No nos aburrimos por no tener nada en común, sino cuando somos comunes”.

 ¿Esto quiere decir que la rutina es mala?

La respuesta es no. De hecho, hay rutinas que la pareja establece que suelen ser alimento como el amor, como conversar diariamente sobre lo sucedido en el día, planificar salidas el fin de semana, sentarse a comer juntos, bromear encontrando la risa en las situaciones del día a día, enviar un mensaje en el almuerzo, y otras rutinas por el estilo que hacen que la convivencia sea agradable.

Lo nocivo no es la rutina en si sino la forma en que se instala en nuestra vida de pareja, tan sencillo como entender que aquellas que suman intimidad son favorables y necesarias mientras que las que traen toxicidad deben atacarse a la brevedad antes que se instalen.

Son estas rutinas que se transforman en rituales las que deben prevalecer para así poder hablar que amar es una rutina que no debe parecerlo.

Gottman y Silver pensaban que a diferencia del ideal que se tiene de que las parejas felices comparten mucho tiempo, lo que verdaderamente importa es que por lo menos dedicaran a su relación pequeños lapsos de tiempo. En muchas parejas exitosas identificaron que dedicaban un promedio de 5 horas semanales a su matrimonio, a lo que denominaron «Las cinco horas mágicas». A continuación se presenta cómo utilizar estas cinco horas:

Despedida por la mañana: Preguntar qué va a hacer hoy la pareja, dar un beso o un abrazo, etc. Es un refuerzo que se le da y es una forma de decir «tú me importas».   (2 minutos).

2 minutos en 5 días laborales: 10 minutos.

Conversar al final del día: Cómo nos fue hoy, qué hicimos, etc. Muchas veces el encuentro de la noche es de quejas, interrupciones o incluso no se habla por cansancio. Pero es fundamental charlar sobre cómo nos fue el día. (20 minutos)

20 minutos en 5 días laborables: 100 minutos.

Mostrar admiración y aprecio: Momentos en que se expresa afecto y aprecio verbalmente. Pueden ser mensajes o llamadas de teléfono. (5 minutos)

5 minutos en 7 días: 35 minutos.

Expresar afecto físicamente: Besos, abrazos, caricias. (5 minutos)

5 minutos en 7 días: 35 minutos

Cita semanal: Salir juntos, o quedarse en la casa charlando, ampliando el mapa de amor, comentar algún problema, resolver alguna discusión que hayan tenido en la semana, etc… (2 horas)

Un día a la semana: 2 horas.

TOTAL
300 MINUTOS /5 HORAS

Ellos han demostrado un porcentaje de éxito en las parejas que mantienen este contacto superior al 95%

Cuando no hacemos nada diferente, cuando no inyectamos nada de pasión en lo que hacemos y vivimos, las conversaciones son sustituidas por la televisión, el salir juntos pareciera una ilusión no cumplida, el silencio se hace presente, y la relación se viste de indiferencia.

El amor si no se abona y cuida muere de aburrimiento, de desconfianza, de decepción y, en las manos de la pareja está el mantener esa llama viva.

El amor siempre está en construcción, no se debe dar por sentado

Liliana Castiglione
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