Ciudad Gótica es real

La realidad siempre supera la ficción, quizás sea una frase trillada y demasiado utilizada, pero que revela una verdad innegable. Desde que Bob Kane y Bill Finger por allá en los lejanos años 40 crearon al personaje de Batman y comenzaron a dar vida a su mitología, se empezó a visualizar los vicios que yacen ocultos en las macro ciudades, tomando como ejemplo a Nueva York y Chicago para dar vida a la ficticia Ciudad Gótica.

Ciudad Gótica es la representación de la corrupción y la maldad que existe en una metrópolis. Nueva York y Chicago eran la imagen perfecta de ello, las mafias gobernaban a sus anchas por sus calles, la corrupción política y policial estaba a la orden del día, y si bien es cierto esas ciudades con el transcurrir de los años han cambiado y evolucionado, no es menos cierto que esos vicios hayan desaparecido del todo. 

Una ciudad con esas características negativas, vista desde el aspecto oscuro y lúgubre, es diametralmente opuesta a una ciudad llena de luz y esperanza como lo puede ser la Metrópolis de Superman. 

En el aspecto de la ficción, en las ciudades como Gótica es necesaria la existencia de individuos que buscan justicia por su propia mano y que tengan un código moral inquebrantable, es imperioso la existencia de una Batman dentro de esa ciudad de sombras, dados los altos índices de corrupción y maldad que impregnan cada calle de esa jungla de asfalto, sin embargo, en la realidad esto no es ni debe ser así.

En este punto la realidad es distinta a la ficción. En el mundo real existen estados que (en teoría) deben tener el monopolio de la fuerza, existen los derechos humanos que deben ser respetados por todos (estado e individuos por igual) sin distingo de raza, religión, sexo u orientación política, por ello, la existencia de personas o instituciones que se abroguen para sí la posibilidad de impartir “justicia” es contraria al Estado de Derecho y a los Derechos Humanos. 

Llevando este punto a la realidad venezolana, pudiésemos afirmar que instituciones como el FAES se abrogan para sí la posibilidad de impartir “justicia” a su manera. Esta situación ha llevado a que la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas haya pedido en reiteradas oportunidades el desmantelamiento por parte del estado venezolano de ese organismo policial, considerándolo como un grupo paramilitar que opera al margen de la ley y que violenta con su accionar los derechos humanos de los individuos que son víctimas de sus desproporcionados niveles de fuerza implementados en sus operativos.

Quizás algunas personas crean necesario que instituciones como el FAES deben existir, pero la verdad es que esos organismos paramilitares son contrarios a la esencia de un estado de derecho. Justificar el accionar desmedido y desproporcionado del FAES con el argumento de la proliferación de la criminalidad en cualquier ciudad venezolana, es negar la existencia de los derechos humanos, por ello, el estado no puede tolerar este tipo de conductas, debe erradicar por completo esas prácticas mal sanas que han enlutado a la sociedad venezolana.

Otro aspecto interesante que analizar entre la comparativa de la ficción y realidad existente en las características oscuras que ostenta Ciudad Gótica, es el de la corrupción. La policía de Gótica es la más corrupta del universo de DC Comics, sus políticos son personajes que buscan un provecho propio a costa del erario público, ¡cualquier parecido con la realidad venezolana es pura coincidencia!

En el caso venezolano, los organismos policiales han sido duramente criticados por los medios de comunicación y por usuarios de las redes sociales por los actos de corrupción. Un ejemplo palpable por todos los que habitamos en la tierra que vio nacer al Libertador Simón Bolívar, es el de las múltiples alcabalas que “presuntamente” buscan mantener el orden público, pero que en realidad se han convertido en un nicho para lo que coloquialmente conocemos como “el matraqueo”.

El transitar por una alcabala venezolana genera un profundo terror, un miedo indescriptible que ni el mismo Stephen King pudiese narrar. Todas y cada una de las alcabalas dispuestas en cada calle y esquina de cualquier ciudad venezolana incumplen con la resolución conjunta emitida por el Ministerio de la Defensa y el Ministerio de Interior y Justicia, ninguna pasaría una prueba de legalidad al respecto. No están debidamente identificadas, no indican los objetivos que tienen para apostarse en ese punto de control, los funcionarios no están debidamente identificados, en algunos casos tienen los rostros cubiertos con pasamontañas, y una infinidad de irregularidades más que hacen que ese accionar sea contrario a la norma, lo que permite la proliferación de la corrupción, situación que debe ser investigada con imparcialidad por el Ministerio Público para así poder llevar a los funcionarios policiales que se presten a actos de corrupción ante la justicia competente. 

Otra de las características que hace que Ciudad Gótica sea una metrópolis oscura es el mal que habita en ella, representado en las organizaciones criminales y en la extensa galería de villanos de Batman. Las ciudades venezolanas imitan a esta ficción y la superan con creces. La existencia de bandas criminales como “El Tren de Aragua”, o individuos como “El Coquí”, reflejan la descomposición social existente en nuestro país. Por supuesto no podemos comparar a “El Coquí” con villanos como “El Joker”, “Dos Caras” “Mr. Freeze” o “Poison Ivy”, quienes tienen motivaciones oscuras pero entendibles que hacen que podamos empatizar en cierta medida con esos personajes lo que los hacen entrañables hasta cierto punto, situación que no sucede con “El Coquí” o cualquier otro líder de una banda criminal venezolana, es decir, no debe ser romantizada la criminalidad real por ningún concepto.    

La ficción es un reflejo exagerado de la realidad, vista desde las diversas aristas artísticas y desde los numerosos géneros existentes, por ello es que decimos que: “Ciudad Gótica es real y está presente en cualquier ciudad venezolana”. 

Alonso Macias
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