¿Dices que sí solo para quedar bien con los demás?

“Puedes ser una buena persona con un corazón amable y aún así decir que no”. Lori Deschene

Te sacan a bailar y esa persona utiliza un estilo de baile que te incomoda ¿Aceptas y esperas resignadamente a que culmine la canción o culminas el baile de forma inmediata?

Ese compañero de trabajo lanza su consabida ponzoña con esas críticas que tanto te molestan ¿Permaneces callado? ¿Te defiendes o le pones fin dejando claro que sus opiniones te desagradan y no piensas escucharlas?

Estás inmerso en tu serie favorita y te llama esa persona que suele acaparar por lo menos 30 minutos de tu tiempo con cuentos sin fin, ¿Qué haces? ¿Abandonas la serie o abandonas la atención a esa persona?

¿No rompes con tu pareja porque te dice que sin ti se muere?

¿Cuántas veces te has sorprendido a ti mismo decidiendo hacer cosas que no deseas hacer solo para quedar bien con esa otra persona? Es como un juego de vida de independencia/sumisión, juego que no siempre se basa en la coacción sino que muchas veces se disfraza de las mejores intenciones probablemente manipulativas pero que en definitiva dejan de lado tu sentir para dar prioridad al sentir del otro, juego donde cada vez que dices si refuerzas la conducta del otro porque sabe que si insiste va a lograr lo que quiere y tu terminas acostumbrándote a actuar de forma permisiva.

Pero ¿por qué das relevancia a complacer al otro en vez de ocuparte de complacerte a ti?

A la mayoría nos han educado bajo tradiciones espirituales que hacen enfásis en el amor al prójimo y eso está bien pero ¿a cuántos nos enseñaron la importancia de amarnos a nosotros mismos?

El amor al prójimo no es cuestionable sino admirable pero cuando nos desconecta de nosotros mismos o si desplegamos conductas de servicio solo por buscar aprobación o por temor a ser rechazados, entramos es un ciclo enfermizo que hace que nos olvidemos o le restemos importancia a nuestros deseos o intereses personales.

Los seres humanos somos por naturaleza seres sociales lo que hace que sea usual el disfrute de sentirnos amados y aceptados, sin embargo cuando este disfrute se transforma en un objetivo primario menoscabando lo que deseamos, esto se transforma en una práctica poco saludable y así vemos como muchos en su afán de no ser rechazados llegan a sentir culpa de negarse ante solicitudes de otros así difieran de lo que desean como personas.

Muchas veces este tipo de conductas derivan de problemas de autoestima donde la valoración del entorno es superior a la valoración personal razón por la cual si no acatan la consecuencia será el rechazo de los demás, además de poderse llegar a sentir como malas personas por no hacerlo.

¿Qué tipo de persona eres contigo cuando no te escuchas, cuando te dejas a un lado? ¿Por qué no tratar de ser una buena persona contigo también y de complacerte?

Vivir ofreciendo la versión que los demás esperan de nosotros es una carga muy pesada, agotadora y frustrante. Es positivo apoyar a otras personas y recibir de ellos el apoyo también pero si en ese proceso terminamos sacrificando parte de nuestra vida es desalentador.

Tenemos el deber y el derecho de cuidarnos a nosotros mismos y un paso importante en este proceso es aprender a decir NO de forma asertiva, con respeto y sin titubeos, sin margen de manipulación, esto es honestidad. 

No se trata de desarrollar actitudes egoístas o indiferentes ante quienes nos rodean, sino de preocuparse tanto de uno mismo como de los demás desde el amor en lugar que desde el miedo o lo lástima.

“El éxito depende de ser bueno en decir no sin sentirse culpable. No puedes avanzar con tus propios objetivos si siempre dices sí a los proyectos de otra persona.”  Jack Canfield.

Liliana Castiglione
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