Inolvidable

Tuve la suerte de trabajar varios interesantes y excitantes años de mi vida en J. Walter Thompson. Y aún más suerte de ser una pieza pequeña, pero pieza al fin, del equipo a cargo del diseño estratégico y producción de la campaña publicitaria y de imagen corporativa del jabón de tocador Lux.  En materia de publicidad, eso es grandes ligas.  Es una campaña mundial, que no admite improvisaciones o medias tintas. El primer día en un equipo de expertos, hice lo que hay que hacer: escuchar, ver, leer y callar. Desde 1926 ha habido muchas «estrellas Lux». Mujeres hermosas, bellas, y sobre todo fantásticas. 

El martes 20 de septiembre de 1988 yo estaba allí, en mi pequeñita oficina del piso tres del Cubo Negro (formalmente Centro Banaven) en Caracas cuando se supo la noticia: a días de cumplir 44 años, fallecía Doris Wells. Había sido una estrella en la constelación Lux. Unilever y J.Walter Thompson se sumaban al luto que impregnaba todo el aire en Venezuela. Fina Torres, cineasta venezolana de mucho lustre, estaría seguramente despedazada. Doris había sido su «Oriana». Además de escribir notas de pésame en nombre de J.Walter Thompson y Unilever para los hijos de Doris y para todo un país que lloraba, escribí unas breves líneas a Fina. No recuerdo bien -raro en mí- si ya Fina había hecho para nosotros en Thompson la cuña de Café El Peñón. Si eso no había ocurrido, estaba quizás en proceso de producción. De cualquier manera, a Fina le envié unas cortas pero sentidas líneas, ofreciéndole consuelo en un momento en el estaba segura sentía un dolor indescriptible.

José Ramón Buonaffina, nacido en Cumaná, era descendiente de italianos; Isabel Padrino era oriunda de Uracoa, estado Monagas. Ambos eran viudos y tenían hijos, tres ella, dos él. Se casaron y el 28 de octubre de 1944, para completar el cuadro de los tuyos, los míos y los nuestros, Isabel dio a luz en el hospital de Caripito a unos morochos. Los registraron y bautizaron con los nombres de Doris María y Miguel Ángel.

Unos doce o trece años más tarde se mudaron a Caracas. Y Doris, a escondidas de su madre, se inscribió en la escuela de teatro que dirigía Juana Sujo. Aquello, en tiempos de dictadura, podía ser peligroso.

En esas épocas los publicistas andaban en las calles con la mirada atenta a talentos. Uno la vio, ensayando. Ya tenía edad de mujer. Enseguida le propuso ser estrella Lux. Ese fue su lanzamiento.

No existe venezolano del siglo XX que no tenga un vívido recuerdo de Doris Wells, de sus películas, novelas, de sus cortometrajes, de su participación como co-conductora de «Concurso Millonario».

Historia de tres hermanas, Renzo el Gitano, Corazón salvaje, El Mulato, Regina Carbonell, Sacrificio de mujer, Raquel, Campeones, La Trepadora, Pobre Negro. Esas fueron algunas de las producciones de televisión en las que participó o protagonizó.

En 1977 José Ignacio Cabrujas la llamó para hacer un papel difícil: Pilar en La señora de Cárdenas. Y se hicieron añicos todos los paradigmas. Una novela adulta, sobre un tema de adultos. Una trama que sacudiría los esquemas puritanos. Tras diez años de matrimonio, Pilar, (Doris Wells), descubre la infidelidad de su esposo. Se  debate entre aceptar aquella situación o divorciarse de Alberto, interpretado por Miguel Ángel Landa. Hubo hasta sermones dominicales en las iglesias criticando aquella novela.

Luego llega Soltera y sin compromiso, La fiera,  La Comadre y Gómez I. Y en 1982, ¿Qué pasó con Jacqueline? 

Doris Wells le enseñó a los venezolanos una manera elegante, valiente, culta y sobria de ser. Ya siendo una estrella, estudió en la Escuela de Artes de la UCV.

De su matrimonio con William Rísquez Iribarren, un abogado varios años mayor que ella, no gustaba de hablar. «Esa es mi vida privada».  Tuvieron tres hijos, Marielva, Xavier y Verónica.

En 1981, anunció su retiro  de las telenovelas y debutó como escritora y productora con el cortometraje para televisión Porcelana, en el que interpretaba a una gerente muy exitosa que ha de hacer frente a la crisis de los 40.  En otro cortometraje, La Derrota Final, de 1982, interpreta a una guerrillera. 

Rísquez murió en 1983 y eso la devastó.

No podemos olvidar sus películas, venezolanas. Ana, pasión de dos mundos, en 1982, La casa de Agua en 1983 y, claro, Oriana, en 1985, de Fina Torres, ganadora del premio Cámara de Oro del Festival de Cine de Cannes. 

En 1986 vuelve a la televisión como presentadora del programa de televisión Concurso millonario. Hubo de retirarse. La salud no le acompañaba.

Doris Wells era bella, sin duda. Pero era mucho más que bella. Tenía clase, inteligencia, elegancia y donaire. Caminó por la vida con feminidad y dignidad.

«Yo no soy una mujer prefabricada, ni tampoco me considero estrella, porque en la única parte donde sí lo soy es donde debe serlo toda persona equilibrada y sensata: en su casa», declaró en entrevista, si mal no recuerdo a El Nacional.

«A través de mis escritos yo quiero decirle a la mujer venezolana esa historia, esa historia secreta. Yo quiero que la mujer se realice, que abra ese baúl, esas cosas, contar la historia que no dice. Quiero plasmar problemas sociales, psicológicos, humanos. Otra forma de narrar con imágenes, donde se diga lo necesario». (Entrevista en RCTV)

Doris Buonaffina de Rísquez. Doris Wells. Inolvidable.

Soledad Morillo
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