¿Quieres cambiar a esa persona?

No te sientes bien por ciertas actitudes de esa persona pero estás claro que solo es cuestión de tiempo y paciencia, de hacerle ver las cosas y se irá dando el cambio como si se tratara de arcilla que puedes ir moldeando ¿Lo has pensado? ¿Lo has hecho?

Te cuento que si ocurren cambios no es por ti, nadie cambia a nadie. Primero es importante entender que los cambios no son sencillos, requieren tiempo, voluntad y perseverancia porque la conducta se corresponde a un patrón de pensamientos y creencias que se han ido formando a lo largo del tiempo de modo que se instalan en forma de hábitos o patrones repetitivos que entran en la llamada zona de confort, esa área conocida donde nos sentimos cómodos porque es lo conocido.

Con esto claro podrás ver más fácil que los cambios surgen desde el convencimiento personal o deseo de hacerlo diferente, es un proceso individual que no ocurre porque alguien te pida que lo hagas diferente, por mucho amor que le tengas.

La recomendación es aceptar o alejarse porque además el tratar de cambiar al otro puede afectar su autoestima al darle el mensaje que eso que forma parte de él o ella no está bien y debe ser corregido. Claro que en ciertas ocasiones hay conductas nocivas para la persona y es comprensible querer insistir en que las cambie pero aun así siempre será una decisión personal.

Este deseo es típico de las parejas en especial después de culminada la etapa de enamoramiento cuando la carga hormonal que nos aturde baja y comenzamos a ver las cosas como son pero ¿Acaso el amor no se trata de aceptar al otro tal cual cómo es? ¿Amas a esa persona o a la imagen que te has formado de una pareja?

El camino entonces es fijarte bien como es esa persona en lugar de idealizarla, evaluar desde el principio de la relación si pueden ser compatibles o no, si eres capaz de aceptar y apreciar a la persona tal cual es, con sus virtudes y defectos como de hecho lo tendrá que hacer la otra persona contigo.

Y hay algo más que puedes hacer y se trata de no cambiar tu para someterte al otro, para que le agrades sacrificando de esta manera tu esencia. En una relación recuerda que se trata de poder sentir tú, de estar a tus anchas, del disfrute de ser amado y aceptado como eres.

Para finalizar, así como no puedes pretender cambiar al otro, ten presente que tu eres la única persona responsable de establecer límites y hacerte cargo de tus emociones y sentimientos; nadie te hace nada, nadie te manipula, nadie te hace sentir triste o alegre, la decisión debe estar en tus manos. Tú decides cómo reaccionar ante el comportamiento de la otra persona y quien en definitiva decide que va a permitir o no.

El trabajo debe estar entonces orientado en respetarte, en amarte tú, en trabajar en cambiar lo que sientes que no te hace bien y, con respecto a los demás decidir si aceptas o si es mejor alejarte porque no te sientes bien.

Liliana Castiglione
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