Reflexiones sobre la timidez

A medida que han pasado los años, he podido comprender un poco mejor a mi padre. Recuerdo que en la época de mi adolescencia solíamos pelear bastante, y no entendía la razón de su amargura. Sin embargo, al  yo tener 21 años, él fue víctima de un cáncer que le generó una muerte bastante dolorosa. Durante esos duros meses de agonía, pude entenderlo mejor y acercarme finalmente a él como persona.

Recuerdo que siempre sentí que mi padre colocó una muralla que no permitía que lo conociera como era en realidad. Solamente en algunas fiestas familiares, cuando se alegraba un poco por beber, salía realmente su divertida personalidad, de la cual él no tendría nada de qué avergonzarse. Mi padre era un hombre sabio en múltiples aspectos, y siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás. Cuando murió, muchos recordaron todo lo que les había ayudado al leerles las cartas o darles recomendaciones acerca de determinado tema vital.

Sin embargo, como bien reza el dicho en casa de herrero, cuchillo de palo. Mi padre no podía ayudarse a sí mismo en muchos aspectos y establecía murallas indestructibles a la hora de entablar relaciones con personas desconocidas. De hecho, le costaba mucho desnudarse frente a su familia inmediata, la cual éramos nosotras.

Cuando murió, quedé en shock. Jamás pensé que un hombre tan fuerte físicamente podría llegar a ese nivel de deterioro. Durante esos meses, finalmente se abrió conmigo y nos tratamos muy bien, nos perdonamos, por así decirlo. Sin embargo, siete años después, es cuando empiezo a entender muchas de sus actitudes, las cuales no tenían que ver nada conmigo.

El último dibujo que hizo mi padre días antes de morir. Año 2011.

Algunos ejemplos sobre la timidez

Esto me hace pensar que, cuando nos relacionamos, pensamos que la actitud de los demás con nosotros es personal. Sin embargo, esto está muy lejano a la realidad. Para hacerme entender mejor puedo citar algunos sucesos a continuación, que me dan la medida de lo que se esconde tras la timidez y la aparente hostilidad de muchas personas.

Escudriñando en el pasado: al revisar un poco acerca del pasado de mi padre, me doy cuenta de que su abuelo fue educado bajo un estricto lineamiento gomecista. Por ello, a sus hijos les educó bajo una rigidez inigualable. Los llevaba a ver el mar vestidos de flux, sin dejarles bañar en las olas, por ejemplo. Mi padre siempre fue un artista, y por ende, desarrolló una lucha interna entre su lado bohemio y despreocupado, contra el orden de su propio padre. Pero ¿Qué tanta consciencia de esto podía tener yo a los 15 años? Simplemente lo veía como un hombre amargado y severo.

El corredor: existe un vecino debajo de mi apartamento, el cual siempre me miraba con dureza y casi nunca me saludaba. Durante un período de tiempo yo pensaba que  le caía bastante mal. Sin embargo, todo cambió cuando empecé a trotar. Resulta ser que este vecino es un corredor élite, que ha participado en maratones de gran envergadura y ha ganado algunos. Pronto comencé a trotar con él en algunos entrenamientos y me ha ayudado bastante. Ahora, nos saludamos con mucha simpatía y resulta ser un hombre excepcional. Jamás pensé que detrás de esa máscara de supuesta amargura, se ocultaba ese ser humano tan apasionado y buena persona.

Todo era m%&/( para él: mi profesor de batería se caracterizaba por ser un hombre bastante amargado. Consideraba que todo a su alrededor era mi%/() Puesto que la cotidianidad y el sistema tal y como está estructurado, no le satisface en lo absoluto. Recuerdo que las primeras veces que me dio clases, hasta salía llorando, y pensaba que era un absoluto amargado sin causa. Sin embargo, continúe muchos años con él porque es un excelente baterista y resultó ser como mi segundo padre. Detrás de tanta pelea y amargura, solamente hay un ser sensible que no tolera el mundo exterior. Me dio lo mejor de sí, y me enseñó muchas cosas sobre la batería, la percusión y la vida en general.

¿Qué nos causa ser así a algunos?

Estos son algunos de los múltiples cuentos que tengo con respecto a la timidez y a la aparente amargura de las personas. Pero ¿Qué nos causa ser así? Quizás la forma en cómo están estructurados los esquemas. No todos debemos encajar en el viejo modelo de nacer, crecer, ir a la universidad, trabajar de 8 a 5 y vivir de la jubilación en pantuflas. Y mucho menos ser PERFECTOS, como subliminalmente se nos exige. Es por ello, que la gente que no encaja en esto desarrolla una inseguridad absoluta en muchas ocasiones y tienen temor de relacionarse con el resto y ser juzgados permanentemente.

Al descubrirlos, consigues seres completamente sensibles, que tienen terror de un mundo vacuo, que juzga permanentemente lo diferente. Lo que me llena de esperanza es que vamos cada día más hacia una apertura, una nueva era. Las generaciones de niños que vienen son sorprendentes. Y, aunque no se sienta a las primeras de cambio, me parece que el mundo en un cierto sentido, se está tornando un poco más tolerante y abierto hacia una nueva evolución del ser humano.

Paola Sandoval
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