¿Por qué nos enfermamos?

Michelena

La conocida frase “mente sana en cuerpo sano” es en realidad parte de una plegaria escrita por el poeta latino Juvenal, nacido en el siglo I de nuestra era, que expresa: “Reza por una mente sana en un cuerpo sano”; en ella resalta la importancia de lo que hoy conocemos como salud mental.

Un evento cualquiera nos puede desbordar en determinado momento, sobrepasando nuestra capacidad para  entenderlo y asimilarlo; cuando nuestra mente no puede maniobrar con ese evento, queda solo la respuesta corporal como única forma de tramitarlo, produciéndose así la enfermedad física y es lo que se conoce como somatización; así el cuerpo se encarga de lo que la mente no soporta.

Son situaciones dolorosas que se producen y que aparentemente no nos afectan pues no las estamos percibiendo, pero causan un efecto en nosotros, sin que nos demos cuenta; no las podemos procesar de manera consciente, es decir, no podemos pensarlas, ni  identificarlas, pero igual nos afectan pues forman parte de la realidad, con la cual no logramos hacer contacto, así como tampoco  con los efectos que produce en nosotros. Hay una interrupción del  contacto con el exterior y con nuestra propia interioridad.

La situación dolorosa nos causa  sufrimiento pero aunque parezca imposible, no podemos identificarlo y es lo que se conoce en psicología como alexitimia, entendida  como la incapacidad para reconocer nuestras propias emociones; puede existir una sensación general de malestar o desconcierto pero no llega a determinarse de modo claro y preciso. Todos en algún momento podemos experimentar este fenómeno, pero no todos desarrollaremos una enfermedad severa.

Según la psicoanalista Beatriz Mónaco, quien enferma no puede cuidarse de manera adecuada desde el punto de vista psíquico, porque desconoce cuáles son sus necesidades  y por ello, tampoco puede evaluar apropiadamente lo que recibe del exterior, quedando expuesto e indefenso ante el impacto causado por situaciones que se le pueden presentar, viéndose  sobrepasado por esas experiencias, sin saber cómo enfrentarlas.

Por otra parte, en la aparición de la enfermedad física, también interviene la predisposición biológica resultante tanto de la herencia genética, como del estado corporal adquirido durante la vida; de manera que en el  sistema u  órgano más vulnerable se producirá   la dolencia.

¿Cómo evitar la enfermedad? La mejor manera es siempre la prevención; el cuidado corporal a través  de una vida saludable desde el punto de vista físico es un factor muy importante  pero no suficiente, pues la salud mental resulta imprescindible; por eso el terreno de las emociones y de los pensamientos no se debe descuidar.

Evitar no pensar en lo que nos causa malestar, no va a hacer que desaparezca; por el contrario, lo aumentará. Detectar, identificar y nombrar lo que se siente es necesario para poder pensarlo,  entenderlo, darle un sentido, conectándolo con la situación exterior y actuando en consecuencia.

Tal vez no resulte fácil en un principio, si por diferentes razones no se tiene la costumbre de reflexionar, pero el esfuerzo que se requiera bien vale la pena si se logra tener salud integral, es decir, tanto física como mental. Por eso y contrariando un poco el consejo del poeta Juvenal, tal vez resulte más útil trabajar para obtener salud mental, en vez de solo rezar.

Mariela Ferraro
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