Recordando los Juicios de Moscú

Recordar la historia es revisitar nuestro pasado para poder así tener una visión clara de nuestro presente y nuestro futuro. La historia universal nos trae consigo una serie de eventos acerca de violaciones a derechos fundamentales que marcaron el rumbo de una nación o de un pueblo. 

Es así como al final de la década de los años 30, en la antigua Unión Soviética se suscitaron una serie de juicios, conocidos como los juicios de Moscú, que formaron parte de la Gran Purga.     

El hecho que dio inicio a la depuración del partido bolchevique y del ejército rojo fue el asesinato cometido por Leonid Nikoláiev en contra de Serguéi Kirov, un miembro del politburó soviético y jefe del partido comunista en Leningrado. Ese hecho ocurrido el 1 de diciembre de 1934, hizo que Iósif Stalin iniciase una cacería de brujas en contra de los miembros del partido comunista soviético.   

Tan sólo 15 días después del asesinato de Kirov, Stalin inicio la depuración del partido comunista soviético. Fueron arrestados Grigori Zinóviev y Lev Kámenev, quienes habían formado parte del triunvirato junto con Stalin luego de la muerte en 1924 de Vladimir Lenin. Ese triunvirato fue el artífice del exilio de la persona que se creía que tomaría las riendas de la Unión Soviética luego de la partida de Lenin, León Trotsky. 

El 20 de diciembre de 1934 fueron exculpados por falta de pruebas, sin embargo, en enero de 1935 fueron nuevamente arrestados y en esa oportunidad fueron obligados a declarar una supuesta complicidad moral en el asesinato de Kirov. 

En agosto de 1936, Zinóviev y Kámenev, fueron acusados de formar al denominado Centro Terrorista Trotskista – Zinóvieviano, fueron enjuiciados con el cargo de haber formado esa presunta organización terrorista que asesino a Serguei Kirov e intentó asesinar a Iósif Stalin, a ambos les fue aplicada la sentencia de muerte. El juicio de Zinóviev y Kámenev, conocido como el juicio de los dieciséis, constituyó el primer juicio de Moscú.

Posteriormente, en 1937, se dio inicio al segundo juicio de Moscú, denominado como el juicio Piatakov – Radek o el juicio del centro trotskista antisoviético. Gueorgui Piatakov, fue un miembro de la oposición de izquierda que lideró León Trotsky, el cual se enfrentaba al ascenso al poder de Iósif Stalin, a pesar de ello, tras romper con la oposición fue admitido de nuevo en el partido comunista y fue nombrado como Viceministro de Industria Pesada. Karl Radek, fue un periodista que mantuvo diferencias con Stalin por apoyar a Trotsky, hecho que le valió su expulsión del partido bolchevique sin embargo, luego de que Stalin comenzase el proceso de industrialización en la Unión Soviética, de la cual Radek era partidario, este encabezó a los opositores en un intento de reconciliación con el partido concretándose su incorporación en 1930. 

Piatakov, Radek, y otras quince personas más fueron acusados de actividades de sabotaje industrial y de un supuesto espionaje ordenado por León Trotsky y el gobierno de la Alemania Nazi. Todos confesaron los cargos de los cuales fueron acusados, no sin antes implicar en las presuntas actividades de sabotaje y espionaje a personeros del partido bolchevique como lo fueron Nikolái Bujarin y Alekséi Rykov.

El tercer juicio de Moscú o como es conocido mundialmente como el juicio de los veintiuno, se efectuó en el año de 1938, siendo los principales involucrados los miembros del partido bolchevique Nikolái Bujarin, Alekséi Rykov y Génrij Yagoda ex jefe del Ministerio del Interior. Los veintiuno fueron acusados de alta traición, espionaje y sabotaje, entre otros cargos. Como dato curioso a sólo tres de los veintiún acusados se les permitió tener abogados defensores. 

El juicio de los veintiuno fue el punto culminante de la denominada Gran Purga, dirigida y orquestada por Iósif Stalin, la cual tuvo un número aproximado de 800.000 personas ejecutadas entre los años 1936 y 1938. Sin embargo, Stalin no fue el único artífice de este hecho cruento de la historia soviética, el fiscal Andréi Vyshinski, fue una pieza clave dentro de los juicios de Moscú al practicar durante esos procesos la tesis clásica de que las confesiones es la prueba reina, a pesar que en sus postulados teóricos estaba en contra de ese principio.

Los juicios de Moscú tuvieron una relevancia más allá de las fronteras soviéticas, los mismos fueron objeto de debates dentro de los Estados Unidos en el año de 1937, con la creación de la Comisión de Investigación de los cargos hechos contra León Trotski en los Juicios de Moscú presidida por John Dewey y que tuvieron como resultado un informe recogido en un libro titulado “Inocente”, afirmando en sus conclusiones que los juicios de Moscú fueron un montaje y que León Trotsky nunca instruyó a ninguno de los acusados para instaurar acuerdos con potencias extranjeras en perjuicio de la Unión Soviética.

La relevancia de los juicios de Moscú llega incluso a trascender fronteras y tiempo, son un recuerdo de esa historia cruel escenificada por una de las más cruentas dictaduras del siglo XX, la de Iósif Stalin. Son remembranzas de un régimen comunista caduco que trajo desgracia y desolación para los pueblos que conformaron la Unión Soviética. Un sistema que llegó a América instalándose por décadas en Cuba y que hoy su pueblo despertó, se levantó exigiendo la tan ansiada libertad. 

Esos eventos jurídicos llevados a cabo en Moscú durante los años 30, son vistos hoy en día en tierras venezolanas con abismal terror por los evidentes paralelismos que reflejan indudables semejanzas con juicios escenificados en la Venezuela del siglo XXI.

Casos como los de Leopoldo López, Freddy Guevara, Gilber Caro y Roland Carreño, quienes han sido acusados de traición a la patria y terrorismo, todos miembros de Voluntad Popular, uno de los principales partidos políticos que adversa al gobierno y que ha sido tildada como una organización terrorista, nos da luces acerca de las semblanzas entre los juicios de Moscú del siglo XX con los acontecidos en Caracas en el siglo XXI.  

La historia una vez más nos demuestra que es cíclica, y que las personas que en algún momento escenificaron determinados hechos, pueden reaparecer con otros nombres y en otros tiempos siendo protagonistas de hechos similares a los pasados. 

Las comisiones del pasado pueden ser perfectamente los organismos internacionales del presente, los libros que reflejaron conclusiones evidentes pueden ser hoy en día informes acerca de violaciones de derechos humanos elaborados por organismos internacionales. Y así los paralelismos pueden ser infinitos, y también pueden ser de lo más terroríficos.   

Alonso Macias
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