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Por fin el mar

El inefable Barclays y su familia (su esposa que parece su hija, su hija que parece su nieta, la nana que parece su sobrina) han manejado dos horas al norte y se han hospedado en un hotel legendario, señorial, con más

El cantante de las peluqueras

Al final del siglo y del milenio, el insufrible Barclays era una estrellita rutilante de la televisión en español y se encontraba en condición de invicto o imbatido: nunca le habían cancelado un programa, nunca lo habían despedido, se sentía el

Sé que eres un espía

Aquella noche el invitado no llegó a tiempo y, como el programa de televisión se emitía en directo, Barclays tuvo que improvisar: no haría una entrevista al figurón que había anunciado, dado que este no aparecía ni respondía los llamados desesperados
traición

La traición

Barclays dejó la cocaína una noche que trató de hacer el amor con Daniela y no pudo. Se sintió tan humillado, tan empequeñecido, tan asqueado de sí mismo, que le prometió a Daniela, y se prometió a sí mismo, que nunca

Los dineros escondidos

Huyendo de un huracán que destruyó Miami, siguiendo a una mujer de la que se había enamorado, Barclays se mudó, manejando un camión alquilado en el que llevaba todas sus cosas, a Georgetown, en la capital del país, Washington DC, obsesionado

Una educación sentimental

El inefable Barclays era famoso por sus entrevistas a grandes artistas, emitidas por la televisión. Con apenas diecinueve años, entrevistó a Borges en una confitería del centro de Buenos Aires, a Sábato en su casa de Santos Lugares, a Vargas Llosa

El abrazo ilegal

En vísperas de que su madre Dorita cumpliese ochenta años, Barclays le preguntó: -¿Qué quieres que te regale? Al otro extremo de la línea telefónica, Dorita no vaciló en responder: -Un abrazo. Barclays vivía en Miami hacía veinticinco años. Había nacido

La desgraciada vida feliz de Mercedes Remedios Purificación

No sabía Barclays, cómo podía imaginarlo, que cuando se enamoró de Casandra Koenig, una joven muy refinada, que había vivido en Filadelfia y París, se enamoraría también, aunque de una manera exenta de toda lujuria, un enamoramiento digamos literario o artístico,

Murió con una sonrisa

Cuando Barclays era un niño, y vivía en una mansión de jardines infinitos en las afueras de la ciudad, su mejor amigo no era ciertamente su padre, a quien veía con pavor, y de quien se escondía con sigilo para evitar

De pronto era su hijo

Hace veinticinco años, el inefable Barclays se propuso conquistar América, haciendo programas de televisión desde Miami. Quería ser famoso, obscenamente famoso. Quería ser rico, desvergonzadamente rico. Enemigo de su padre, quería superarlo, empequeñecerlo, derrotarlo en toda la línea. Pensaba: no seré
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