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La guerra de los Barclays

Cuando Barclays tenía veinte años, ganaba tanto dinero en la televisión, donde se exhibía como una estrella narcisista, torturando minuciosamente a los políticos con entrevistas punzantes, que se daba el lujo de vivir en el mejor hotel de la ciudad, en

La codicia es una planta trepadora que no muere

Cuando la señora Dorita Lerner viuda de Barclays cumplió ochenta años, repartió la mitad de su fortuna entre sus hijos. Ahora se arrepiente de haber sido tan generosa. Temerosos de que viviera hasta los cien años o más, pues gozaba de

La novia y el cubano

Faltando dos semanas para casarse ante las leyes de los hombres y ante las más severas leyes de Dios, Julia, que era atea, pero deseaba complacer a su novio, que era creyente, sufrió un repentino ataque de nervios y viajó sola

Los regalos envenenados

De regreso en su apartamento, tras cenar en casa de su madre, Barclays y su esposa escudriñan con espíritu crítico los regalos navideños que han recibido. En tono quejumbroso o burlón, la mirada crecientemente desdeñosa, desatada la lengua viperina, Barclays, el

La monja atea

Después de doce años recluida en un convento carmelita como monja de clausura, Delfina del Mar despertó súbitamente una madrugada, temblando de frío, con la inquietante certeza de que Dios no existía. Estoy perdiendo mi tiempo en este convento que parece

El argentino errante

Avergonzado de su país por el fracaso en la guerra de las Malvinas, harto de vivir bajo una dictadura militar, el argentino convenció a su esposa de probar suerte en otras tierras, vendió su apartamento en Buenos Aires a precio de liquidación y

El catador de chocolates

El escritor exchileno Arturo Belano y el escritor experuano Jimmy Barclays se conocieron en Barcelona, hace más de veinte años. Muy joven, Belano había escapado de la dictadura militar chilena y malvivido como poeta clandestino, siempre con hambre, experto en hurtar

Las orillas del rencor

El proceloso mar de las casualidades los arrojó a las orillas del rencor y los rebajó a la ínfima condición de enemigos. Niños curiosos, de familias pudientes, Barclays y Bedoyita fueron amigos en el colegio inglés más exclusivo de la ciudad.

Dámelo todo

Pía no hace honor a su nombre: se ha vuelto atea. No siempre fue atea. En su niñez y adolescencia, era la más devota del colegio. Todavía preservaba la fe religiosa en la universidad, donde estudió leyes. Dos hechos desgraciados pusieron en

Los genios

Con apenas quince años, Jimmy Barclays entró a trabajar como practicante al diario La Prensa porque su madre, Dorita Lerner, preocupada por su conducta díscola, quería que hiciera algo útil durante las vacaciones escolares y era amiga del director del periódico, Arturo Salcedo,

El escritor que se invitaba a sí mismo

Escritor itinerante, periodista de verbo inflamado, hombre de derechas liberales, libertarias y libertinas, sospechoso de fumar marihuana a hurtadillas, Jimmy Barclays, ya cincuentón, llega a Santiago de Chile, después de tres años sin visitar esa ciudad. Va a presentarse en un

Cuando sea grande

Jimmy Barclays era un niño curioso y ensimismado, que vivía con sus padres en una casa en el campo, una casa tan grande que los jardines parecían infinitos y los vecinos no existían o no podían otearse en el horizonte. Su

No debí asistir a su boda

Un día antes de casarse civilmente con un joven al que conoció en el campus de la universidad de Berkeley, estudiando una maestría de negocios, Valentina invita a Sofía, su mejor amiga de toda la vida, su amiga desde los primeros

Jaime Bayly: «Huir de un huracán para caer en otro»

Cuando anunciaron que el huracán Dorian se había fortalecido al punto de llegar a categoría 4, se dirigía viciosamente a las Bahamas y, de cumplirse los pronósticos, podía golpear las costas de la Florida a la altura de Palm Beach, no dudé en

Jaime Bayly: El triunfo de los hampones

Termino de ver la serie El patrón del mal que recrea la vida del narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Cuando lo matan a balazos, siento pena por él, me digo que debió entregarse a la justicia como hicieron su hermano Roberto, sus socios, los

Jaime Bayly: «La sabiduría de los árboles»

Era un sábado soleado en Buenos Aires. Perduraba en el aire la sospecha o la certeza de que el futuro sería un inventario de desgracias. Alguna gente me preguntaba si la derrota en octubre era inevitable y yo ponía cara de

Jaime Bayly: «Terremoto en Buenos Aires»

El vuelo a Buenos Aires, nueve horas desde Miami, se me hizo corto porque leí un libro estupendo de Renato Cisneros, «Algún día te mostraré el desierto», y vi capítulos de «El patrón del mal». Con buenos libros y buenas series,

Jaime Bayly: «Perdón por la terquedad»

Llevaba meses sin pasar por Lima. Era un viaje corto, de apenas dos días, para presentarme en la feria del libro, anunciando un libro de cuentos, «Yo soy una señora». Como se trataba de una visita fugaz, mi esposa declinó acompañarme.

Jaime Bayly: «La fuente de la felicidad»

Leo llegó hace poco más de un año. Yo no quería tener un perro en mi casa. Me oponía resueltamente. Temía que no me dejase dormir. Mi esposa no me hizo caso. Lo trajo de todos modos. Leo es ahora mi

Jaime Bayly: «Tantos locos juntos»

No es fácil venir a Seattle. Desde Miami, es un vuelo de seis horas, en un avión pequeño, sin grandes comodidades. Tampoco fue fácil convencer a mi esposa para viajar a Seattle. Ella quería volver a Los Ángeles. Adora esa ciudad.
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